Gil Lázaro, el histórico exdiputado del PP que asedió a Rubalcaba en el Congreso

A sus 62 años, se sentará en el puesto reservado en la Mesa a la cuarta vicepresidencia, imbuido del "compromiso patriótico" del partido de Abascal

Gil Lázaro, el azote de Rubalcaba, en la misma silla de 2004, ahora con Vox

 

AgenciasCOPE.es

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 02:42

Ignacio Gil Lázaro ha cambiado de partido, pero no de silla. Gracias a que no ha funcionado el "cordón sanitario" a Vox, el que fuera azote del exministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba vuelve a ocupar el mismo puesto en la Mesa del Congreso que hace 15 años. Antes vestido de azul PP, ahora de verde Vox.

A sus 62 años, Gil Lázaro se sentará en el puesto reservado en la Mesa a la cuarta vicepresidencia, imbuido del "compromiso patriótico" del partido en el que podría jubilarse de la actividad política después de haber subido varios peldaños de la derecha hasta alcanzar el escalón más alto.

Porque Gil Lázaro ya no se sentía identificado con la "realidad actual" del PP. Ya no le gustaba un partido al que representó en el Congreso durante 34 años (primero lo hizo con las siglas de Alianza Popular).

Sin duda le costó abandonarlo. Él mismo lo reconoció el 7 de mayo de 2018 cuando explicó que dejaba el PP tras "un largo proceso" que "intelectual y emocionalmente" le llevó a esa conclusión.

Fueron 38 años de militancia de este licenciado en Derecho, casado y con cuatro hijos y una trayectoria política casi íntegramente dedicada al Congreso de los Diputados y compatibilizada con cargos dentro del partido.

Pero la irrupción de Vox en la escena política removió sus convicciones "populares" y decidió integrarse en la formación que lidera Santiago Abascal.

De hecho, Gil Lázaro fue uno de los cuatro primeros nombres que Vox hizo públicos de la lista de sus candidatos al Congreso y el Senado para las elecciones generales del pasado 28 de abril.

El ya vicepresidente cuarto de la Mesa de la Cámara Baja formó parte de la comisión de investigación de los atentados del 11 de marzo de 2004 de Madrid, en la que escandalizaron algunas de sus declaraciones sobre las posibles conexiones con ETA.

Pero si por algo no pasó desapercibido fue por sus intervenciones en el Pleno del Congreso, donde "asedió" al entonces ministro del Interior, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, con reiteradas preguntas sobre el "caso Faisán", cómo se conoció el "chivatazo" de ETA.

Su insistencia sesión tras sesión obligó a ambos "contrincantes" a un ejercicio dialéctico en el que no faltaron algunos comentarios jocosos. "La flauta de Bartolo", llegó a llamar Rubalcaba al diputado.

Gil Lázaro no descansó hasta que los tribunales le dieron la razón. La sentencia del "caso Faisán", que condenó a mandos policiales por el "chivatazo", dejaba a Rubalcaba como "mentiroso", según su "azote".

Veía la mano de Rubalcaba hasta en el caso Gürtel que salpicó al PP, pero fuera del debate político, los diputados al fin y al cabo son humanos. Y Gil Lázaro deseó a su rival socialista una feliz recuperación cuando estuvo ingresado en el hospital Gregorio Marañón con un cuadro febril.

"Hay cuestiones que están, por descontado, fuera de la controversia política", llegó a decir ese día, pero no sin antes avisar que seguiría preguntándole por el "faisán" en cuanto se recuperara. Por supuesto, lo hizo.