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Menos competitividad y más destrucción de empleo: la cara B de la reducción de la jornada laboral

Analizamos las consecuencias que tendría la reducción de la jornada laboral a 37 horas y media a la semana, propuesta clave para investir a Sánchez con votos de Sumar

Menos competitividad y más destrucción de empleo: la cara B de la reducción de la jornada laboral
Coordinadora Fin de Semana

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 14:28

37 horas y media. Esas son las horas que pretende poner Sumar al Gobierno en funciones en su reducción de la jornada laboral, con el fin de, paulatinamente, reducirlas hasta las 32. Una propuesta con la que pretenden que la gente viva "más feliz" y más tranquila y frenar, sobre todo, el desempleo.

Porque sí, con esta propuesta pretenden que exista la misma productividad y así crear más empleo, pero con menos horas de trabajo. Una propuesta que, previsiblemente, saldrá adelante por el acuerdo entre Sumar y el Partido Socialista y que cambiará en parte el tejido productivo de nuestro país.

Y si bien venden esta propuesta como algo positivo, ya que se pasará de trabajar 8 horas al día a 7 y media, lo cierto es que presenta una cara B de la que muchos expertos ya están avisando. Ni es tan positiva para los trabajadores, ni mucho menos para las empresas. Y no, no necesariamente frenará el desempleo.



De hecho, son varios los estudios que apuntan en sus conclusiones que, a largo plazo, se destruirán empleos y afectará a la competitividad y tejido empresarial español. Así lo ha confirmado el Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria, que asegura que con la propuesta, las empresas españolas perderán mercados exteriores y se mermará su actividad y su empleo.

José María Rotellar es el director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria, y asegura en COPE que, debido a la elasticidad del empleo respecto a los costes laborales, "nos llevaría a una caída del empleo de un 1,1%, unos 220.000 puestos de trabajo. Como quiera que el Gobierno ha presentado un plan presupuestario a Bruselas en el que estima un crecimiento del 1,4% para el empleo, esta medida de la reducción de la jornada laboral se come todo el crecimiento del empleo previsto que, dicho sea de paso, ya era muy optimista. Es una medida perjudicial para la economía, el empleo, las empresas y los trabajadores" analizaba.

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Y es que, por supuesto, como explicaba, la competitividad y el mercado español en el exterior decrecerá y perderá competitividad. "Estamos en un mundo global, si no conseguimos ganancias en productividad y se incrementan los costes, las empresas tendrán que vender más caro y serán menos competitivos fuera. Habrá otros competidores que se quedarán con esa parte del mercado suya, con lo cual, disminuirá la actividad económica y el empleo. Es una medida muy negativa" sentenciaba.

Una propuesta de poco recorrido

Menos puestos de trabajo a largo plazo, un mercado menos competitivo y menor calidad. Son algunas de las consecuencias que se prevén cuando se implemente esta medida, pero, ¿tiene un largo recorrido como pretende el Gobierno que tenga? "El Gobierno está más enfocado casi en repartir los puestos de trabajo que en crearlos, y eso no conduce a ninguna parte. ¿Cuánto puede durar? Pues ante una desaceleración económica que hay, medidas como esta solo la intensifican más y no creo que vayan a obtenerse resultados positivos" expresaba José María Rotellar.

En la misma línea que este doctor en Economía se sitúa Juan Ignacio Cáceres, profesor de Macroeconomía en la Universida CEU San Pablo: "No le veo un mantenimiento a largo plazo, desde luego, como ocurre en economía, las promesas están estupendamente, pero alguien tiene que pagarlas. Este gobierno le carga el muerto a los contribuyentes que ya están bastante más apretados" explicaba.

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El profesor también asegura que esta reducción de jornada socialmente es positiva pero, en realidad, "es la pescadilla que se muerde la cola, porque alguien tiene que pagar esto y el coste de la mano de obra será más alto y, por tanto, el efecto económico será negativo. Será difícil reducirla en el sector servicios, teniendo en cuenta que España es un país turístico por excelencia, ahí será muy dificil reducir la jornada a no ser que se empiece a contratar gente para cubrir la reducción impuesta de la jornada laboral".

"Seguramente se destruyan empleos, por la sencilla razón de que si los empresarios no les salen las cuentas y su cuenta de resultados se reducen los beneficios, para qué me voy a pelear con los sindicatos, Hacienda y todo el mundo para seguir manteniendo un negocio que empieza a dar pérdidas y se reducen los beneficios. Lo cierro y a vivir de las rentas, sobre todo los que estén cercanos a la edad de jubilación" sentenciaba.

Ciertos sectores que no pueden asumir la reducción de jornada

Lo cierto es que la reducción de jornada laboral ya está en marcha en algunas empresas, pero hay otras tantas y otros sectores en las que esta reducción de jornada será más bien complicada.

Eso ocurre con el sector servicios, donde las jornadas tienden a ser más bien largas. "Tendrán que aplicarlo todos los sectores, tendrán que pasar por las horcas caudinas de reducción de jornada pagando lo mismo, será un problema serio para la economía española" señalaba Juan Ignacio Cáceres.

De la misma forma hablaba el director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria, José María Rotellar. "En cualquier comercio, cafetería, panadería, frutería...Con pocos empleados. ¿Qué hará el propietario del pequeño negocio? ¿Tendrá recursos para contratar a otra persona? Seguramente no, y si lo hace, subirá precios y no podrá mantener a sus clientes. No es una buena medida" decía.

"Si legislan por decreto que la jornada laboral máxima es de 37,5 horas, serán así las jornadas semanales. El problema es que no podrán contratar en muchas empresas porque no van a poder soportar esos costes. O cerrarán antes, o generar menos productos, o encarecer el precio que cobran por ello" expresaba.

Una medida que nos terminará afectando a todos a largo plazo y que "conduce a una caída de la actividad económica y a una destrucción de empleo. Lo último que quiere un empresario es despedir a un trabajador, espera a que se confirme una caída del ciclo económico, pero si no puede contratar más, no podrá suplir la producción" expresaba.

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