‘PaGAGnini’: Sin palabras y a lo loco

El humor de Yllana y la destreza de Ara Malikian dan cuerda a un cuarteto sublime en clave de música clásica

‘PaGAGnini’: Sin palabras y a lo loco

Raquel Castejón | @RaquelCastejon

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 20:05

Descubrí Yllana hace unos años gracias a The Gagfather, un título que prometía per se aunque, por aquel entonces, desconociera la labor de esta compañía que, con mímica, onomatopeyas y un humor irreverente por bandera, ha logrado conectar/dejar sin palabras a más de cuarenta países tras veintisiete años de andadura teatral.

Pagagnini, un “divertido, enérgico y sorprendente des-concierto teatral”, tal y como reza su programa de mano, supone una de las propuestas culturales más atractivas de este verano, gracias a cuatro brillantes músicos además de actores, cuyas indudables tablas y habilidad instrumental les permiten efectuar con tino cada movimiento, sin descuidar ni un momento la pieza que interpretan.

Dichos genios de la cuerda y el humor son capaces de ejecutar de forma impecable versiones renovadas de Manuel de Falla, Mozart y Vivaldi, así como una pieza marca de la casa: “Rapsodia nº3. Op. I del cuarteto Pagagnini”, al tiempo que ironizan acerca de la vida, de ellos mismos y del estilo que encarnan.

De improviso, tocan “With Or Without You” de U2 y animan a corear a todo el teatro Arlequín, rendido ante el cuarteto desde el inicio de la función. Si bien es cierto que, en la propuesta original, Malikian orquestaba el conjunto desde dentro, su estilo y carisma se dejan sentir en el ejercicio de estos músicos, quienes logran remozar una música algo anquilosada como la clásica, y tornarla en desternillante.

Dicho des-concierto, además de arrancar carcajadas a pequeños y mayores, propone una escucha interactiva, que queda patente con la presencia de espectadores en escena para asistir una pieza.

Además, Pagagnini constituye un logro en materia de democratización de la música clásica, tantas veces tildada de elitista; causa en la que también se hallan inmersos virtuosos como el heterodoxo James Rhodes.

En definitiva, un elenco de altura que sondea el abismo musical partiendo de composiciones clásicas y desplegando ritmos de flamenco, blues, rock, y hasta country, sin arrugarse el chaqué.

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