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Muere Martín Chirino, el maestro de las espirales

El escultor canario, uno de los más relevantes representantes de la escultura abstracta, fue famoso por el uso del hierro forjado

Muere Martín Chirino, el maestro de las espirales

 

Agencias

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 02:57

El escultor Martín Chirino, uno de los más relevantes representantes de la escultura abstracta, famoso por el uso del hierro forjado, ha muerto esta tarde a los 94 años en un centro hospitalario de Madrid, según han informado fuentes de su Fundación.

En 2018, en la madrileña galería Marlborough mostró la evolución de su trabajo desde 1952 en una exposición en la que el tiempo tenía una presencia importante. "Sigo trabajando diariamente y por ello la mayoría de obras son de reciente creación", aseguraba entonces el maestro de las espirales.

Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 2014, Martín Chirino nació en Las Palmas de Gran Canaria, cerca del mundo de los astilleros del Puerto de la Luz, del trabajo de la forja, de la talla de la madera.

En 1948 se instaló en Madrid para estudiar Bellas Artes en la Escuela de San Fernando. Después, el escultor, uno de los artistas españoles que más proyección internacional obtendría en estos últimos decenios completó sus estudios en Italia, en Londres, en París y aquí supo de la obra de Julio González.

En 1958 participó en la creación del grupo El Paso, a la que también pertenecieron Antonio Saura, Manuel Rivera, Manolo Miralles o Manuel Viola.

En 1960 expuso por vez primera sus espirales, inspiradas en el arte insular canario, en la exposición "News Spanish paintings and sculpture" en el MOMA de Nueva York y en 1967 abrió un segundo estudio en Nueva York.

No hay que olvidar la labor de gestor de Martín Chirino: presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, vicepresidente del patronato del Museo Español de Arte Contemporáneo, asesor del Reina Sofía y del Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas de Gran Canarias, del que fue fundador y su director hasta 2002.

Su preocupación por el espacio en la escultura le valieron reconocimientos, del Premio Nacional de Artes Plásticas a la Medalla de Oro de Bellas Artes o el Premio Cristóbal Gabarrón de Artes Plásticas, el Canarias de Artes Plásticas (1986) y el Nacional de Escultura de la CEOE (1989). Así como la Medalla de Honor del Círculo de Bellas Artes (1991), el de Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid (2002) y el Tomás Francisco Prieto de la Fundación Casa de la Moneda (2004).

Además, era doctor honoris causa por la Universidad de las Palmas de Gran Canaria (2008) y por la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid (2011).

Sus esculturas eran, por lo general, piezas de grandes dimensiones, como la popular "Lady Harimaguada", instalada en la avenida marítima de Las Palmas.

Conjugaba un enorme potencial expresivo y el mínimo de materia; los valores del arte africano y los materiales de su tierra nativa; las geometrías espaciales y la delicadeza de sus trazos.

Porque, como advertía en aquella exposición en la Marlborough en 2018, siempre había trabajado "apasionado por lo que hacía", en sus espirales, sus vientos solanos, afrocanes y aeróvoros, en su empeño de "conseguir que el hierro quiera definir lo sublime".

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