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MADRID

Las Ventas y Ponce, ¡quién lo iba a decir!

El diestro valenciano abrió este viernes con polémica su cuarta Puerta Grande en Las Ventas.

Enrique Ponce en su salida a hombros este viernes de...
 Enrique Ponce en su salida a hombros este viernes de la plaza de toros de Las Ventas | EFE

Quizá no le hacía falta tras veintisiete años de carrera. Quizá con una oreja la cosa hubiese quedado con el mismo nivel de reconocimiento final. El caso es que Enrique Ponce saldó su paso por este San Isidro con la cuarta salida a hombros de su trayectoria en Las Ventas.

Una oreja de cada toro de Domingo Hernández tras un pinchazo previo al espadazo definitivo. Pero mayoría de pañuelos hubo en cada petición. Es indudable. Como indudable fue el buen trato que dispensó este viernes la plaza de toros de Las Ventas al torero valenciano. ¡Quién lo iba a decir! Lejos quedaron las tardes agrias de protestas a su toreo. Hoy Madrid ha aguantado lo que no hace mucho hubiese recriminado.

Vio pronto a su primero Ponce. Suelto en el capote pero metiendo la cara con buen aire. Se salió con el toro más allá del tercio. La verónica de manos bajas, sujetando la embestida del de Domingo Hernández. Como las chicuelinas, con prestancia y llevando por abajo al animal. Se presentía la faena grande. El runrún tan habitual de Las Ventas en tardes así. El valenciano planteó la faena en los terrenos entre tablas y la primera raya. Con el temple y la armonía de formas como armas, Ponce fue ligando los muletazos en redondo en un palmo de terreno. Muleta puesta y a girar sobre los talones. Embebido el toro en el engaño. Ejerciendo como un imán la muleta. Una tanda resultó perfecta de reunión y ritmo. Al natural no se entendieron toro y torero. Pero el pulso se recobró las poncinas finales. La plaza en pie. Un metisaca antes del espadazo final redujeron el premio a una oreja. La Puerta Grande se había quedado a tiro.

El salpicado cuarto no traía hechuras agradables. Veleta la cuerna y unas hechuras altonas. Sin maldad, pero punteando siempre los chismes. Ponce se lo llevó al 6. A derechas primero, con altibajos en temple mas no en expresión. La estética de Ponce. Inteligente el de Chiva, dejó a su aire al toro en la primera mitad de faena para terminar de apretarlo por abajo al final. La plaza como nunca con él. Y él con la plaza, en un arrimón final que destiló sinceridad. Un  abaniqueo como epílogo para rendir la plaza. El pinchazo volvió a preceder a media estocada de tendida colocación. La petición a más, el palco renuente y pensativo en un principio y el pañuelo blanco del presidente con el toro ya camino del desolladero. La cuarta puerta grande se descerrajaba para Ponce entre la división de los tendidos. No le hacía falta a estas alturas.

Otro buen toro fue el primero del lote de David Mora, un astado de Domingo Hernández que aunó temple, ritmo y profundidad en sus enclasadas embestidas. La faena de David fue una montaña rusa, con continuos altos y bajos. El toro se rebosaba en cada embestida pese a lo muñecazos del torero. Hubo algún muletazo de buen trazo, pero abundaron los trallazos a destiempo. Cuando acortó distancias, el toro acusó la escasez de espacios. La ovación final fue premio generoso con David.

El quinto nunca terminó de romper. Incierto en sus viajes, a David se le vio solvente sin más. El trasteo nunca tuvo visos de remontar. La cota más intensa llegó en el volapié. El derrote seco al pecho que tumbó al torero. Salió indemne David por suerte. 

Seguro que más de un buey de los que han llegado en estos días a la Aldea del Rocío no tendrá la altura de cruz que traía el primero de Domingo Hernández. "Rocoso", para la historia personal de Varea en su confirmación y poco más. El toro apretó en banderillas hacía los adentros. Complicada la labor de los subalternos. Nunca descolgó el animal, noblón pero sin humillar ni romper hacía adelante de verdad. El castellonense no terminó de mostrarse suelto en la cara del toro. Atenazado y sin ideas, la faena fue transcurriendo sin argumentos. El apagón con el descabello fue importante.

El sexto trajo otras hechuras. Más bajo y reunido. Un notable ejemplar que se arrancó de largo y empujó en el caballo y que después embistió humillado, con profundidad y entrega. Varea volvió a mostrarse demasiado envarado. Solo en una tanda al natural se ajustó y llevó largo al toro. Escaso resultado para lo ofrecido por  el toro.


FICHA DEL FESTEJO 

Madrid, viernes 3 de junio de 2017. 23ª de Feria. Lleno de "No hay billetes".

Toros de Domingo Hernández, bien presentados, con kilos aunque de desiguales hechuras. Conjunto manejable. Destacaron el noble 2º, el enclasado 3º y el encastado 6º.

Enrique Ponce, oreja y oreja tras aviso.

David Mora, saludos y saludos.

Varea, que confirmaba alternativa, silencio tras aviso y silencio tras aviso.

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