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POBREZA CATALUÑA (Crónica)

La pobreza no son números, son personas

Carla Riverola Brutau

  • Agencia EFE

Carla Riverola Brutau

Escoger entre ir al cine o comer, vivir con 80 euros al mes y, también, conseguir salir del pozo son algunas de las realidades que viven las personas en situación de pobreza y que, más allá de los números y los porcentajes, son rostros de un fenómeno presente en Cataluña.

"Yo no puedo ir al cine ni a tomar un café con mis amigos. Si voy al cine con mis hijos, esa semana me quedo sin comer", confiesa Raquel Lara, de 32 años, vecina del barrio de la Mariola de Lleida y madre de dos hijos de 6 y 11 años.

"Hasta hace bien poco hemos tenido que vivir con los 280 euros de mi pensión y pagamos un alquiler de 200 euros. Nuestros hijos nos ayudan a la hora de comprar comida", reconoce el argentino Mario Arnaldo, de 75 años y vecino de Lleida, junto a su esposa, Cristina.

"Mi madre trabaja pero no gana mucho y no nos llega para poder pagar el alquiler y poder comer todos. Tenemos suerte de los alimentos que recibimos porque estamos llegando al límite", explica Katherine Gamba, 30 años, procedente de Colombia y vecina de Tarragona, madre de un niño de 8 meses y desocupada.

También Bianca Uribarri Lossada, 40 años, natural de Venezuela, residente en Girona y madre de dos gemelos de 7 años que vivió una situación muy complicada tras pasar una depresión y estar desocupada. Ahora trabaja como empleada en un hotel y está convencida de que "con un pequeño empujón y si te dan la mano, sales hacia adelante".

Estos cuatro testimonios son ejemplos de la pobreza intermitente de las personas que viven entre la recuperación y la cronificación y que han explicado sus casos para el XI Observatorio de la Cruz Roja de Cataluña, entidad que les proporciona alimentos y otras ayudas básicas para sacar su vida adelante.

Esta organización humanitaria ha celebrado hoy que una de cada tres personas atendidas durante la crisis ya no necesita ayuda básica, pero también ha alertado de que cerca del 70 % de la población a la que brinda apoyo sufre pobreza crónica.

Conejo ya tenía dos hijos con 25 años y vivía con sus padres porque no se podía permitir un alquiler, ya que tanto ella como su pareja no tienen trabajo. Está convencida de que si trabajara "se sentiría libre e independiente económicamente" y por esto está haciendo un curso de limpieza hospitalaria en la Cruz Roja.

"Me iría muy bien que me cogieran para trabajar", reconoce. "La casa se me cae encima, como no trabajo sólo pienso y entonces necesito salir a distraerme. Cuando termino el trabajo de casa ya no sé qué hacer y continúo pensando y entrando en un bucle porque sólo me fijo en todo aquello que no puedo ofrecer a mis hijos", lamenta.

Desde hace seis años, recibe apoyo y ayudas básicas de Cruz Roja, como becas comedor, tarjetas de prepago para alimentos frescos y saludables o formación para la capacitación y activación laboral que le permiten salir hacia adelante, no sin la ayuda de sus hijos, que son su motor: "Por ellos hago todo lo que hago y busco trabajo para darles todo lo que necesitan", asegura.

Desde hace mucho tiempo Uribarri buscaba un trabajo que le permitiera compaginar la cura de sus gemelos y de su madre, que está enferma, con quien comparte vivienda. En la cafetería de un hotel de Roses (Girona) donde trabaja le han adaptado el horario para que pueda conciliar el empleo con la atención familiar.

Aun así, antes de encontrar este trabajo, pasó por una depresión, precisó apoyo psicológico y laboral y recibió ayudas básicas de Cruz Roja como juguetes, becas comedor, atención urgente para el pago de alquiler y de suministros o alimentos.

"Me costó llegar hasta aquí, estaba en un pozo sin salida. No sabía qué hacer, mi madre estaba enferma, no tenía trabajo...tenía momentos de desesperación", explica.

Pero fueron sus hijos y su nuevo trabajo los que la empujaron a avanzar: "Yo diría que en un 60 % mi trabajo me ha ayudado a salir adelante y a salir de la depresión que tenía. Ahora me siento estimulada en un trabajo que me gusta, donde me siento valorada, algo que no me había pasado en ningún otro sitio", concluye.

Casos como los de Bianca Uribarri son un ejemplo de que se puede salir hacia adelante, pero la Cruz Roja ha avisado de que hay que hacer un seguimiento sostenido de este nuevo colectivo, que poco a poco supera la pobreza, para que, finalmente, la recuperación se consolide.

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