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Neumünster: la cárcel alemana en la que ha pasado la noche Puigdemont

Los convictos de este centro penitenciario suelen ser presos comunes

 
  • Rosalía Sánchez

La policía obligaba ayer retirar una pancarta que seis españoles habían desplegado ante la prisión de Neumünster con el letrero “Free Puigdemont” (liberad a Puigdemont), pero a lo largo del día se esperan concentraciones, no solo ante esta cárcel, sino también en Berlín y en Hamburgo, con el objetivo de presionar a las autoridades alemanas, ante las que tendrá que comparecer hoy el ex presidente de Cataluña, tras su primera noche en prisión.

La cárcel de Neumünster, un edificio de ladrillo rojo, de estilo hanseático, construido entre 1901 y 1905 y que ha soportado en pie dos guerras mundiales, es el mayor centro penitenciario de Schleswig-Holstein, con capacidad para casi 600 presos masculinos, en edad adulta y con penas no superiores a cinco años. Hay 22 celdas especialmente dedicadas a prisión preventiva, detenidos a la espera de juicio, y en una de ellas ha sido instalado Puigdemont.

La actual directora de esta prisión, Yvonne Radtzki, que no desea conceder entrevistas por ahora, organiza un centro en el que los presos reparten su tiempo entre la celda y los centros de trabajo y talleres, en los que se preparan para su reinserción social por medio de cursos y talleres. Reciben correo postal semanalmente y disponen de dos horas mensuales para recibir visitas sometidas a un estricto horario: lunes de 10:00 a 17:00, miércoles y viernes de 10:00 a 15:00 y los fines de semana de 9:00 a 11:00, siempre bajo supervisión de los funcionarios de la prisión. Los visitantes deben superar un control de seguridad con detector de metales similar al de los aeropuertos y no es permitido el ingreso de comida ni bebida, que puede ser adquirida en un mostrador dentro de la cárcel pero que los presos en ningún caso pueden llevar a su celda.

Si desean acceder a libros o publicaciones periodísticas, los presos pueden solicitarlo la secretaría de prisión o directamente a las editoriales. Los visitantes, que deben haber concertado previamente la visita e identificarse con DNI o pasaporte para acceder al edificio, no pueden ingresar ningún objeto o regalo.  El 26% de los presos son extranjeros, pertenecientes a otras 35 naciones y con predominio de turcos y procedentes de países de la Europa del Este. La supervisión de las visitas significa que un funcionario se sienta junto al preso y el visitante y escucha toda la conversación, a lo que en los casos de extranjeros se añade un traductor legal que comprende el idioma en el que hablan si es que no pueden conversar en alemán. La prisión de Neumünster alberga un total de 256 empleados de los cuales 65 son mujeres y los traductores son enviados desde Hamburgo para cada visita.

Los convictos de Neumünster suelen ser presos comunes, solo en una ocasión disfrutó esta cárcel de un capítulo literario gracias al escritor alemán Hans Fallada, que narró su experiencia en la novela “Wer einmal aus dem Blechnapf Fritz”.

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