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El palmeo que puede cambiar la historia

Álex Abrines
Álex Abrines, jugador de los Thunder de Oklahoma City. | Jose Mendez
  • Cope.es

Álex Abrines se ha convertido en un jugador confiable para las estrellas de los Oklahoma City Thunder, en un equipo que ha unido a tres estrellas este verano y que no acaba de arrancar todavía. En Oklahoma se juntaron hace tres meses el MVP de la pasada temporada Russell Westbrook  y otros dos anotadores o jugadores franquicia, Paul George y Carmelo Anthony. 

Cualquier lluvia de estrellas no es fácil de asimilar en el deporte, conjuntar todo ese talento, los egoísmos, la capacidad anotadora de los tres, conseguir que fluya el balón no es tarea fácil, hace falta una dosis muy alta de inteligencia deportiva y un entrenador que sepa hacer un equipo para compenetrar el talento individual de jugadores acostumbrados a jugársela cada uno de ellos. 

Quizá lo que le está costando a los Thunder haga que se valore más lo que consiguieron los Miami Heat con la llegada de Lebron James, precisamente si Miami funcionó fue porque los egos de las otras dos estrellas, su amigo Wade y Chris Bosh trabajaron cuando hizo falta para el Rey, eran conscientes de que la primera opción siempre tenía que ser Lebron pero todos jugaron su papel y todos tuvieron importancia, incluido el escolta Ray Allen. Miami trabajaba y fue capaz de ser un equipo laborioso en lo defensivo y con diferentes variables ofensivas que funcionaron.

Compartir el balón en los Thunder no debe ser fácil entre tanta estrella, y no será por falta de voluntad del big three, tres jugadores que juntos saben que pueden conseguir más de lo que han tenido oportunidad de tener en sus carreras hasta ahora. 

Sea como fuere, por ahora Oklahoma no ha explotado, y de un tiempo a esta parte hay un jugador que empieza a actuar como pegamento y es Abrines. A las altas prestaciones que da en la pintura el pívot neozelandés Steven Adams, hay que añadir la predisposición para el trabajo colectivo en defensa y el acierto del jugador de segundo año en la NBA, Álex Abrines. El jugador español ha ocupado en el quinteto el puesto de Paul George en su ausencia por lesión, y después ha hecho lo propio por André Roberson.

Abrines anotaba su máximo hasta ahora en la NBA en Memphis el pasado fin de semana, 20 puntos con seis triplazos como seis soles de ocho intentos. Su acierto desde la línea de tres en estos partidos que lleva como titular en los Thunder supera el 50%, Abrines se ha convertido en un jugador fiable para las estrellas de los Thunder. 

Muchos de los balones que recibe abierto el mallorquín proceden del líder del equipo, Westbrook, o incluso George; que Abrines iba a tener un papel importante para abrir espacios a un equipo ,con jugadores para percutir la pintura como Westbrook o George parecía obvio, pero en la NBA el respeto y los galones se ganan siendo importante en los momentos importantes.

Aun no siendo la primera opción del equipo, tienes que estar para lo que haga falta. Incluso cuando vienes de muchos partidos de ostracismo, con pocos minutos, Abrines mantiene la capacidad para no venirse abajo, no ver mermada su confianza, y tener el descaro para meter lo que le llega cuando llega su momento. 

Así ha sido con Álex Abrines, su padre, el ex jugador Gabriel Abrines, afirma que esta mentalidad positiva para estar preparado se la forjó en el Barcelona, cuando también tenía que esperar su momento, y a eso hay que añadir el descaro que siempre tuvo en su juego.

 Sucedió algo fuera del guión en el último encuentro de los Thunder. En un partido de alta carga emocional para una de las estrellas del equipo, Paul George, abucheado en su retorno a Indiana después de su salida el pasado verano, el partido estuvo en un palmeo de Abrines.

El mallorquín había estado de nuevo excelente en el tiro, había ayudado en defensa y robado balones, pero hubo una jugada decisiva. En el último ataque, Abrines en lugar de tirar o pasar se la jugaba y fintaba a Darren Collison para enfilar hacia canasta,  otra de sus virtudes, ante la oposición de la defensa de Myles Turner dejaba la bandeja como podía, Westbrook cargaba el rebote y trataba de anotar a tablero, el rebote lo palmeaba el propio Abrines y canasta para sentenciar la victoria a falta de 15 segundos.

Hay jugadas que pueden cambiar las cosas, hay partidos que pueden elevar el estatus de un jugador en un equipo. Abrines ya ha ganado un partido para su equipo, se ha ganado el respeto del grupo. Abrines ha demostrado dos cosas: 1- que no le quema el balón en momentos calientes, y 2- que hace más cosas además de tirar excelentemente de tres. Es un tirador, pero sabe hacer más cosas. 

Abrines no sólo es un anotador, entiende el juego, no es que dé pases de canasta, es que construye, puede que no sea el que da el pase de canasta o sí, pero seguro que sabrá dónde mandar el balón si no tiene que tirar él. Ocurre que en un equipo de tanta absorción de balón por parte de sus estrellas, el pase será el único principio que les hará crecer como equipo. Será eso o el paseo por la mediocridad en una temporada en la que se espera mucho más, porque pueden. Pero ese crecimiento precisa de jugadores que entiendan el juego, y Abrines es uno de ellos si tiene la importancia en el equipo que se ha ganado durante este mes.  

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