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Venezuela contra Venezuela

Una de las más dramáticas herencias de Hugo Chávez es la segmentación política de la sociedad venezolana. Ningún otro país de América Latina vive en estos momentos una tensión tan fuerte entre el oficialismo y la oposición. Durante catorce años la movilización política a la que el chavismo sometía a los ciudadanos, sumada a la profunda corrupción que arrastraba la política venezolana y las dificultades de la oposición para encontrar la unidad, hicieron imposible la alternancia.Nadie sabe si el próximo día 14 los venezolanos votarán a favor del cambio político; pero lo que sí se sabe ya es que éste es posible. Sin Chávez la oposición ha elevado su tono y ha entrado en el cuerpo a cuerpo electoral con Maduro y sus gentes. Quizás Capriles gane las elecciones y sea cierto que el chavismo haya orquestado ya un fraude monumental. O quizás, una vez más, la mayoría de los venezolanos  decida la continuidad chavista.Pero pase lo que pase el próximo domingo, el chavismo sin Chávez tiene las horas contadas. Aunque para que esto suceda de manera pacífica y sin dañar más la unidad de pueblo venezolano es imprescindible que la oposición no se resquebraje ni pierda la esperanza. Hasta el momento, con el poder en contra, sin instituciones que garanticen la alternancia y sin medios de comunicación libres, la oposición ha sido capaz de transmitir confianza. Es deseable que la normalidad política regrese a Venezuela, especialmente para que unos venezolanos y otros dejen ya de ser enemigos irreconciliables.

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