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La tormenta y el tormento

El escándalo mediático y político montado en torno a la grabación de una conversación mantenida hace dos años por el ministro del Interior, Fernández Diaz, solo se explica por la cercanía de unas elecciones en las que España se juega, más que nunca, su destino. Toda la oposición se ha lanzado en tromba contra el Gobierno, cuando en buena lógica debía haber mostrado preocupación por la vulnerabilidad del Estado. La conversación grabada ilegalmente apenas tiene recorrido político. Se trata de un intercambio de información entre el ministro y el director de la Oficina Antifraude de Cataluña cuando se acercaba el referendum soberanista organizado por la Generalitat, entonces presidida por Artur Mas. El escándalo no consiste en lo que se habló en el despacho del ministro, sino en la flagrante deslealtad que desvela en el entorno del propio ministro.Resulta llamativo que los candidatos del resto de partidos hayan pedido a coro la dimisión de Fernández Diaz, sin preocuparse por este aspecto. Las primeras pistas dejan entrever que la posible conspiración no radica en la conversación del ministro sino en la orquestación interesada de su grabación y oportuna difusión a cuatro días de las elecciones. Y sería peligroso que alguien tuviese la tentación de urdir algo parecido al deleznable acoso a las sedes del PP tras el 11 M. Esperemos que la mayoría de la sociedad española sepa discernir este embrollo y no se deje llevar por tormentosas manipulaciones.

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