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Palabras como diamantes

De 

El mundo entero ha podido vivir en directo, esta mañana, uno de los acontecimientos históricos más singulares de nuestro tiempo: la despedida pública de un Papa que se ha ganado, con la fuerza de su palabra y la grandeza de su sencillez y humildad, el corazón y la mente de creyentes y no creyentes. Sus palabras de hoy, como diamantes engarzados en la corona de su pontificado, han quedado ya grabadas para la historia como la culminación y síntesis de una catequesis permanente que ha llevado a la Cristiandad a lo esencial de la fe, resumida en el Credo y practicada en la caridad y el testimonio personal. En su Carta Apostólica “Porta Fidei” ya afirmaba que la fe sin caridad no da fruto y la caridad sin fe sería un sentimiento a merced de la duda. Con su capacidad para percibir los signos de los tiempos añadía que lo que hoy necesita el mundo de manera especial es el testimonio creíble de los que son capaces de abrir el corazón y la mente al deseo de Dios.Bien puede afirmarse que justamente a eso ha dedicado su vida y su pontificado Benedicto XVI, tal y como resumía esta mañana en la COPE el cardenal Martínez Sistach: acercar a los hombres a Dios y a Dios a los hombres. Desde su humildad y su amor a la Iglesia “que a veces significa tomas decisiones difíciles”, el Papa lo ha hecho como una invitación para que nadie se vuelva perezoso en la fe y pueda descubrir así, con ojos siempre nuevos, las maravillas que Dios hace con nosotros. El gran valor de sus emocionadas palabras de despedida de esta mañana, en las que ha vuelto a invitar a todos a renovar la firme confianza en Dios con la seguridad de que nos sostiene y ama, reside en la luz que proyectan sobre toda su obra, inscrita ya para la eternidad en la historia del pensamiento humano como el mejor regalo que pueda hacerse a la humanidad de hoy y mañana.

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