También en directo
Ahora en vídeo
  • megabanner_1:No existe configuración de publicidad para el slot solicitado
Línea Editorial

Misionero de la misericordia

El viaje del Papa Francisco a Cuba, que tendrá lugar del 19 al 22 de septiembre, está generando una enorme expectación dentro y fuera de la isla. Es normal, así sucedió también con el viaje de san Juan Pablo en 1998, y de Benedicto XVI en 2012. A nadie se le escapa la influencia, no solo en el ámbito religioso, que la Iglesia en general, y los últimos papas en particular, han tenido en el devenir social y político de Cuba. Los acentos del viaje esta vez son nuevos, pero se enmarcan dentro de los 80 años de relaciones diplomáticas entre Cuba y la Santa Sede, que precisamente se han celebrado estos días. El contexto lo marcan también los avances producidos en la relación entre Estados Unidos y Cuba, en los que sin duda ha tenido un papel decisivo la Santa Sede; y por otra parte, Cuba será la antesala del viaje a Estados Unidos, al Encuentro Mundial de las Familias. Por otra parte, el lema de la visita papal, “Misionero de la Misericordia”, lo refiere al Año Santo que comenzará en diciembre. En esta última clave debemos poner el foco. No tiene sentido recelar de una posible instrumentalización política del Papa. Por mucho que algunos pretendan hacerlo, la historia ha demostrado cuánto buen fruto se ha sacado de viajes tan delicados como éste. Se trata, por encima de todo, de un viaje apostólico, y nada de lo demás tiene sentido si no se observa desde esta perspectiva. Francisco llega para afirmar que la primera necesidad es la de crecer en la fe, la esperanza y la caridad; que la misericordia de Dios alcanza a todos y que siempre es posible volver a empezar. Desde ahí se podrá trabajar sin descanso por unas relaciones renovadas, que vayan configurando una sociedad nueva en todos los órdenes.

Lo más visto