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Línea Editorial 25/01/2013

Incertidumbre en Egipto

Hace dos años la plaza Tahrir se convirtió en el símbolo de la llamada primavera árabe. Han pasado muchas cosas desde entonces. Hosni Mubarak fue juzgado y condenado, se convocaron elecciones, los Hermanos Musulmanes se convirtieron en la primera fuerza política del país, floreció una oposición moderada y moderna en torno al premio Nobel de la Paz Mohamed al Baradei, y sin embargo la transición que se inició hace ya dos años dista mucho de consolidarse. El Cairo y Alejandría, las dos grandes urbes egipcias, son desde ayer focos de tensión y protesta ciudadana. Los motivos son el predominio creciente de los Hermanos Musulmanes en la vida política egipcia, así como el control despótico que intentan ejercer sobre el Parlamento y la Judicatura. Es verdad que durante estos dos años la sociedad egipcia ha ido tomando conciencia de que los cambios políticos requieren tiempo, pero no es menos cierto que el Presidente Mursi está desplegando un programa  que amenaza a las minorías religiosas, que ha dejado al país sin Parlamento, y que cada día que pasa divide más a la sociedad egipcia. Dos años después de la revolución Egipto cuenta con una Constitución de matriz islamista, calculadamente ambigua en la protección a los derechos humanos y que no cuenta con un apoyo de más del 60% de la sociedad. Todo eso convierte el futuro de Egipto en un jeroglífico pendiente de solución.

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