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Línea Editorial 29/03/2016

El imperativo de reformar la enseñanza islámica

Sumidos aún en la convulsión de los atentados de Bruselas, nos encontramos ahora con los cometidos este pasado fin de semana en Bagdad y en Lahore, especialmente en esta última ciudad pakistaní donde un terrorista estalló su bomba junto a un parque infantil frecuentado por familias cristianas. No se trata de comparar unos atentados con otros, cometidos siempre por facciones extremistas del islamismo suicida. Aunque nos preocupe especialmente la proliferación del terror en Europa, tanto o más debiera inquietarnos la actividad terrorista en los propios países musulmanes, principales víctimas del fanatismo, cuyo objetivo es impedir  cualquier intento de apertura social a las libertades democráticas e imponer la más rigurosa aplicación de la “sharía”. El Islam está muy divido y no existe una interpretación unívoca de sus enseñanzas. Hay versículos violentos que llaman a la “yihad” contra los llamados “impíos”, pero también los hay piadosos que apelan a la misericordia divina y la paz. Incluso hay versículos que se oponen abiertamente a la imposición de la fe islámica y promueven la libertad religiosa, sin que tengan apenas eco. Para luchar contra el fanatismo es necesaria una profunda reforma en los sistemas de enseñanza islámica, dentro y fuera de los países musulmanes, especialmente en Europa. No parece que todavía se ejerza ningún control del profesorado ni de las “madrasas”, por cierto subvencionadas por países como Arabia Saudita, donde se practica la interpretación más rigurosa de la ley islámica.

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