También en directo
Ahora en vídeo

En efecto, la muerte no es el final

De 

En su escalada de guiños a la izquierda más radical, los jóvenes candidatos a la secretaria general del PSOE están haciendo gala de un “modernismo” trasnochado al proponer la denuncia de los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, con la vista puesta en la supresión de lo que llaman los “privilegios de la Iglesia”. De sobra saben Madina y Sanchez que la Iglesia no tiene ningún privilegio y que, en todo caso, al Estado le supone un notable ahorro la aportación de la Iglesia en el ámbito de la educación, protección de buena parte del patrimonio nacional o atención a los más necesitados. Parece que eso no les preocupa ni mucho ni nada, porque lo que pretenden es convertir la aconfesionalidad del Estado en un laicismo beligerante completamente ajeno a la Constitución.  En este contexto se inscribe la curiosa petición del diputado socialista Antonio Trevín de suprimir el himno “La muerte no es final” de los homenajes públicos a los militares y policías caídos en acto de servicio. Este himno, compuesto entre otros por el sacerdote vasco Cesáreo Gabaraín, expresa la certeza cristiana en la vida eterna, abrazando el deseo de cualquier hombre, confuso o consciente, de que la muerte no tenga la última palabra. Es esa dimensión religiosa, constitutiva de toda vida humana, lo que se pretende censurar incluso con este recurso patético prohibir un himno asentado por la tradición. Triste y rala renovación la que prepara un PSOE en caída libre.

Lo más visto