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Editorial, viernes 15 de febrero 2013

El proyecto del grupo Tremón ya se ha enquistado antes de ver la luz. Y ha permitido el espectáculo político de cruce de acusaciones, muy serias en este caso, y de amenazas de acabar el los tribunales. No entraremos en lo idóneo de dicho proyecto, sus posibles trabas legales ni en la solvencia del propio grupo empresarial – de la que parece casi nadie habla- pero sí que queremos detenernos en algo que a los cordobeses nos es muy conocido, que ha creado grandes ríos de titulares y páginas, y que finalmente queda en la desmemoria de las hemerotecas y en la nada de los proyectos irrealizados. Nos suena Tremón como nos parece Al-Mansur, y en medio de todo ello, planes generales de ordenación urbana, modificaciones a la carta, futuros puestos de trabajo como caramelos envenenados y una trabada niebla en el urbanismo que se acaba enquistando y que es la responsable, en gran medida, de la cruel situación económica que atravesamos. Sería bueno un ejercicio de seriedad por todas las partes implicadas. Pero sobre todo de transparencia, sin recovecos legales ni amenazas. Los cordobeses no deben permitir, además, que se juege, ni con su pan, ni con su urbanismo, que es de todos.

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