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Críticas de los estrenos de cine del 1 y el 3 de mayo

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “7 cajas”, “Buscando a Nemo 3D”, “La gran boda”, “Dos más dos”, “Tango libre”, “Tomboy” y “Scary Movie 5”.
7 cajas
7 cajas

7 CAJAS *** (7)

FICHA TÉCNICA.- Directores y guionistas: Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori. Intérpretes: Celso Franco, Lali González, Nico García, Manu Portillo, Mario Toñanez, Nelly Davalos, Roberto Cardozo. Paraguay. 2012. Thriller. 100 min. Jóvenes.

Esta película paraguaya de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori (“Cándida”) llega a nuestras carteleras tras su paso con éxito por los festivales de Toronto y San Sebastián, donde ganó el Premio Cine en Construcción y el de la Juventud. Además, fue candidata al Goya 2012 a la mejor película extranjera de habla hispana. Se trata de un thriller con aderezos cómicos que protagoniza Víctor (Celso Franco), un carretillero adolescente que trabaja como recadero en el Mercado 4 de Asunción. Un día recibe un encargo bien pagado: llevar a otro puesto del mercado una carretilla con siete cajas que parecen contener algo sumamente valioso. A través de las historias cruzadas de otros personajes del mercado que vamos conociendo —su amiga Liz (Lali González), la dependienta de una tienda de móviles, las cocineras de un restaurante chino...— se va desvelando la verdadera naturaleza del encargo, que esconde un insospechado secreto.

Hablada en castellano y guaraní, la película está rodada casi íntegramente en el propio Mercado 4 de Asunción, un auténtico laberinto humano de caos, trapicheos y profesionales de la supervivencia. El tono combina el crudo realismo social, de estilo mexicano, con un tono amable, que encarnan los personajes más inocentes, más humanos. Pero también el cóctel incluye escenas de acción, otras surrealistas —casi cómicas—, momentos románticos, e incluso secuencias de violencia con aderezos gore, al estilo del cine coreano. Sorprendentemente, el resultado funciona, engancha al espectador y ofrece una película notable. El retrato antropológico es de mínimos, con un Víctor que sólo sueña con salir en la tele, el policía que sólo aspira a hacerse con un móvil, o Liz que daría todo por un beso de Víctor. Pero el conjunto es amable, y se agradece la religiosidad católica natural de los personajes y su sentido espontáneo de la solidaridad. J. O.




BUSCANDO A NEMO 3D (Finding Nemo 3D) ***** (9)

FICHA TÉCNICA.- Director: Andrew Stanton. Codirector: Lee Unkrich. Guión: Andrew Stanton, Bob Peterson y David Reynolds; basado en un argumento de Andrew Stanton. EE.UU. 2003-2013. Aventura. 101 min. Todos.

En 2003, Pixar continuó su paseo triunfal por la cima de los dibujos animados digitales con “Buscando a Nemo”, Oscar de ese año al mejor largometraje de animación. Ahora, esa sensacional aventura acuática se estrena en una esmerada versión en 3D estereoscópico. Así, un par de generaciones de chavales podrán disfrutarla en pantalla grande y con una resolución espectacular. Y, además, todos los buenos aficionados al cine de animación la podrán degustar como jugoso aperitivo de su anunciada continuación, “Buscando a Dory”, prevista para 2015, y que también coescribe y dirige el bostoniano Andrew Stanton.

Conviene recordar que Stanton debutó como director con “Buscando a Nemo” tras ser codirector de “Bichos, una aventura en miniatura” y coguionista de esa película y de “Toy Story (Juguetes)”, “Toy Story 2” y “Monstruos, S.A.”. Después, se consagró como director y coguionista de “WALL-E. Batallón de limpieza” —Oscar 2008 al mejor largometraje de animación—, y fracasó como director y coguionista de la epopeya de acción real “John Carter”. En “Buscando a Nemo”, Stanton contó con la inestimable ayuda, como codirector, del cineasta de Cleveland Lee Unkrich, que por entonces ya había codirigido “Toy Story 2” y “Monstruos, S.A.”, y que después dirigió en solitario la magistral “Toy Story 3”, Oscar 2010 al mejor largometraje de animación. En la actualidad, Unkrich ultima el filme de Pixar sobre el Día de los Muertos, todavía sin título definitivo.

Como en todos los cortos y largometrajes de Pixar Animation, el primer atractivo de “Buscando a Nemo” es el guión, maravillosamente escrito y siempre sustancial en su constante cóctel de géneros. Narra las dramáticas aventuras de Marlin, un pez payaso más bien serio y prudente, cuya tranquila existencia cambia radicalmente cuando una barracuda se come a su esposa y 399 de los 400 huevos que estaba cuidando. Un tiempo después, Marlin educa como puede a Nemo, su valiente y travieso hijo único, que supera con fuerza de voluntad el defecto que padece en una de sus aletas. Entonces el destino cruel vuelve a golpear a Marlin, pues un buzo captura a Nemo, que termina en la pecera de un dentista de Sidney. Mientras Nemo planea su fuga con la ayuda de los colegas de pecera —a cuál más singular y divertido—, Marlin abandona su tranquilo banco de coral y se lanza al peligroso océano en busca de su hijo. Durante su alucinante odisea marina contará con la ayuda de Dory, una pez cariñosa y decidida, pero con graves problemas de memoria, pues se olvida totalmente de lo que ha pensado unos segundos antes.

Stanton y Unkrich desarrollaron ese espléndido material narrativo con un poderoso sentido de la progresión dramática. Después de la rotunda tragedia inicial —cercana en su planteamiento al arranque de “Bambi”—, el guión se torna más episódico; pero cada secuencia, sin dejar de tener entidad propia, enriquece de algún modo la preciosa exaltación de la paternidad, la filiación y la amistad que proponen las dos tramas paralelas de Marlin y Nemo. Todo ello, sin caídas de intensidad, y saltando con una facilidad sorprendente del drama a la comedia, y de ésta a la aventura trepidante o al terror más angustioso.

Ese humanismo, sencillo pero profundo y universal, se presenta otra vez con una calidad técnica y estética sobresaliente. En esta ocasión, los animadores de Pixar trabajaron mejor los fondos —más realistas— y reforzaron la gestualidad de los personajes, lo que les permitió la recreación eficaz de un mayor número de sentimientos, algunos de ellos muy sutiles. De este modo, resolvieron de un modo magistral el desafío de ambientar toda la acción bajo el mar. En este punto, Pixar volvió a sentar cátedra en cuanto a la recreación de texturas naturales, la iluminación de ambientes y el tratamiento del color. Ciertamente, le quedaba por resolver la animación realista de los personajes humanos, que aquí volvieron a desentonar un poco en comparación con el resto.

En uno de los carteles publicitarios originales de esta obra maestra se veía a un amenazante tiburón, magníficamente caricaturizado, y un lema a su lado con un texto similar al siguiente: “Bruce. Vegetariano. Acude a las terapias de Carnívoros Anónimos dos veces por semana”. Esta sencilla broma promocional sintetiza muy bien la sorprendente capacidad de Pixar Animation —reflejada sin duda en esta magnífica película—, para producir obras divertidas y profundas, que entusiasman a públicos de todas las edades. J. J. M.




LA GRAN BODA (The Big Wedding) * (3)

FICHA TÉCNICA.- Director: Justin Zackham. Intérpretes: Robert De Niro, Robin Williams, Amanda Seyfried, Katherine Heigl, Topher Grace, Diane Keaton, Susan Sarandon, Ben Barnes. Guión: Justin Zackham, basado en la película “Mon frère se marie” (2006), del suizo Jean-Stéphane Bron. EE.UU. 2013. Comedia. 90 min. Adultos.

Elle (Diane Keaton) vuelve a Connecticut por primera vez desde que su marido Don (Robert De Niro) la engañara con su mejor amiga, Bebe (Susan Sarandon), con la que ahora vive sin casarse. Los tres preparan la boda, con la guapa Missy (Amanda Seyfried), de Alejandro (Ben Barnes), el hijo que Elle y Don adoptaron después de tener a Lyla (Katherine Heigl) y a Jared (Topher Grace). Todo se complica cuando Alejando informa de que su madre biológica, Madonna Soto (Patricia Rae), una estricta católica, asistirá a la boda. Eso obliga a Don y Elle a hacerse pasar por un matrimonio feliz, y a Bebe, a marcharse.

Muy mal andan las cosas cuando tal cantidad de estrellas se prestan a participar en esta infumable comedieta de enredo, remake de la película “Mon frère se marie” (2006), del suizo Jean-Stéphane Bron. La puesta en escena de Justin Zackman (“Going Greek”) es convencional, rutinaria y sin ritmo, y casi todas las interpretaciones ceden al histrionismo, especialmente la de Robert De Niro. Pero, sobre todo, el guión resulta deslavazado y enormemente irritante por sus groseras bromas sexuales, su rastrero hedonismo y su frívola burla de la moral católica, encarnada en la penosa caracterización de Robin Williams como el padre Moinighan, un sacerdote alcohólico e impresentable. En fin, una comedia para olvidar. J. J. M.




DOS MÁS DOS *** (6)

FICHA TÉCNICA.- Director: Diego Kaplan. Intérpretes: Adrián Suar, Julieta Díaz, Juan Minujín, Carla Peterson, Alfredo Casero. Guión: Juan Vera y Daniel Cúparo. Argentina. 2012. Comedia. 103 min. Adultos.

De Argentina nos llega una singular película que refleja duramente las consecuencias de una sociedad hipersexualizada, construida con los utópicos ideales de la liberación sexual sesentera. El director Diego Kaplan (Igualita a mí), curtido en las series de televisión, con un guión de Juan Vera y Daniel Cúparo, nos cuenta la historia de un matrimonio burgués bonaerense, Diego (Adrián Suar) y Emilia (Julieta Díaz). Ambos tienen un hijo preadolescente (Tomás Wicz), y están pasando por una fase de rutina y pérdida de pasión. Un día, un  matrimonio de amigos, Richard (Juan Minujín) y Betina (Carla Peterson), les hacen una revelación que, según ellos, les ha mejorado la vida de pareja, y les invitan a probarlo: el intercambio de parejas. Tras un primer shock, Emilia se entusiasma con la idea y trata de convencer a su marido, que se niega en redondo. Pero el que juega con fuego… se acaba quemando.

Esta película bucea en esa mentalidad que ve en el sexo sólo un juego inocente sin mayores consecuencias, y sin implicaciones morales especiales. Describe perfectamente la arquitectura ideológica del “abatamos los prejuicios medievales, arrasemos los tabúes atávicos”, esos ingenuos ideales hippies que veían en la pareja monogámica un resabio del poder patriarcal y machista de la burguesía. El guión deja que los personajes se entreguen conscientemente a esa ilusión, que vayan hasta el fondo de ese espejismo de falso paraíso en la tierra, y descubran por sí mismos su mentira. Que descubran que no somos ángeles, que existe la conciencia inalienable, que las heridas duelen, y en definitiva… que la realidad es testaruda, y aunque se intente esquivar con coartadas intelectuales, pasa por encima como la 1ª división Panzer sobre Polonia. Por eso, tras probar las hieles del “No pasa nada, estamos por encima, todo vale, somos como dioses”, los personajes se enfrentaran a su conciencia, al dolor de las consecuencias, al sentimiento de traición y de haber roto las cosas más importantes de la vida. No se trata de una reflexión moralizante y mucho menos cristiana —la religión no aparece ni de lejos en la película—, sino del reconocimiento honesto de cómo funciona la realidad, cómo es el ser humano. Una película sin asomo de ideología, y que la ataca frontalmente con la mejor arma: la realidad. Incluso, de refilón, le lanza dardos a la ideología de género.

Desde el punto de vista de la puesta en escena, se agradece que a pesar de tratar un argumento cien por cien sexual, no se regodee en las escenas de sexo, sea lo más púdica posible y nunca muestre explícita genitalidad. Aún así, obviamente, se trata de una cinta exclusivamente para adultos. Los actores están magníficamente dirigidos. J. O.




TANGO LIBRE * (3,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Frédéric Fonteyne. Intérpretes: François Damiens, Sergi López, Jan Hammenecker, Anne Paulicevich, Zacharie Chasseriaud, Christian Kmiotek, David Murgia. Guión: Philippe Blasband y Anne Paulicevich. Francia, Bélgica y Luxemburgo. 2012. Drama. 98 min. Adultos.

Guardia en una prisión belga, el solitario y taciturno J.C. (François Damiens) sólo rompe su penosa existencia durante las clases de tango a las que asiste todas las semanas. Allí conoce a Alice (Anne Paulicevich), una bella mujer, de la que se enamora tras bailar con ella. Al día siguiente, J.C. ve de nuevo a Alice en la sala de visitas de la cárcel, saludando primero a un preso, y después a otro… Resulta que Alice es la pareja, al mismo tiempo, de los reclusos Fernand (Sergi López) y Dominic (Jan Hammenecker), a quienes sigue de prisión en prisión en compañía del adolescente Antonio (Zacharie Chasseriaud), hijo de ella y Fernand. Las reglas prohíben a los guardias socializar con los familiares de los presos. Pero, J.C. decide romperlas por primera vez en su vida.

Escudándose en el supuesto espíritu libertario del tango, el belga Frédéric Fonteyne (“Una relación privada”) desarrolla una sórdida exaltación de la poliandria y la poligamia más esperpéntica y libertina que verdaderamente trasgresora, sobre todo en su ridículo desenlace. La puesta en escena es brillante a ratos, sobre todo cuando Fonteyne recurre a los montajes paralelos al ritmo de la música. Por su parte, las interpretaciones son aceptables, dentro de su premeditado y discutible contraste entre la inexpresividad de François Damiens, Jan Hammenecker e incluso Anne Paulicevich, y el histrionismo de Sergi López y los reclusos argentinos. Pero el conjunto se viene abajo por la vacuidad dramática y moral de su guión, que sólo aporta un poco de autenticidad a través del sufrido hijo adolescente de Alice, alucinado del permisivismo sexual de su madre. Ese personaje, los viejos tangos del uruguayo-argentino Francisco Canaro y las preciosas canciones folk de la danesa Agnes Obel son lo único salvable de esta deplorable película. J. J. M.



TOMBOY ** (4,5) // *** (6,5) -

FICHA TÉCNICA.- Directora y guionista: Céline Sciamma. Intérpretes: Zoé Héran, Malonn Lévana, Jeanne Disson, Sophie Cattani, Mathieu Demy. Francia. 2011. Drama. 82 min. Adultos.

J.J.M y J.O.- Dos críticas con enfoques y valoraciones diferentes

Laure (Zoé Héran), una niña francesa de 10 años y aspecto andrógino, se muda a un nuevo vecindario con su padre (Mathieu Demy), su madre embarazada (Sophie Cattani) y su hermanita de cinco años (Malonn Lévana). Allí hace nuevos amigos mientras el verano transcurre entre juegos y risas. Sin embargo, Laure tiene un secreto: se hace pasar por un chico, Mickäel, lo que da pie a situaciones comprometidas, sobre todo cuando Lisa (Jeanne Disson), una chica del grupo, se enamora de ella creyendo que realmente es un chico. ¿Durante cuánto tiempo podrá Laure hacer creer a los demás que es Mickäel? ¿Cuáles serán las consecuencias cuando sus amigos y sus padres descubran su engaño?.

Premiada en diversos festivales —varios de ellos, de cine gay y lésbico—, esta segunda película de la francesa Céline Sciamma —que se declara lesbiana— se presenta con la apariencia de una sencilla e inocente fábula infantil en torno a las perplejidades afectivas de la pubertad. Pero, en realidad, desde su título en inglés —traducible en castellano como “marimacho”, en referencia a una chica poco femenina— se trata de una sutil, inteligente y tramposa apología de la ideología de género, que da continuidad al primer largometraje de su directora, “Naissance des pieuvres”, en torno a la relación lésbica entre dos nadadoras adolescentes de natación sincronizada. “La protagonista tenía una clara meta y jugaba un dinámico doble juego para conseguirla —ha señalado la propia Sciamma respecto a “Tomboy”—. Esa historia me permitía tomarme el tiempo suficiente para relatar una vívida crónica sobre la infancia con aspectos documentales y giros impredecibles. Y, además, estaba muy comprometida con el tema de la identidad sexual y las cuestiones de género. Se califica a menudo la infancia como la edad de la inocencia; pero creo que es también una época de la vida llena de sensualidad y de emociones ambiguas. Quería retratar esto”.

La bella y minimalista puesta en escena de Sciamma, casi documental, subraya con sensibilidad las excelentes interpretaciones de todo el reparto, especialmente de las niñas Zoé Héran y Malonn Lévana, que desbordan naturalidad en sus preciosas relaciones fraternales y consolidan de paso la veracidad de los colegas de la protagonista, todos ellos amigos de la propia Zoé Héran en la vida real, salvo Jeanne Disson, que da vida a Lisa. El problema es que la ideología de género disturba toda esa explosión de autenticidad al asentar el argumento en una trampa descarada: la artificiosa ignorancia y pasividad de los padres de Laure ante su extraña actitud andrógina —evidente desde la primera secuencia—, así como su nula relación con ninguno de sus vecinos. Además, con la idílica relación entre ellos y sus hijas, Sciamma subraya que la crisis de identidad sexual de Laure no se debe a la desestructuración de su familia ni a la debilitación de sus referentes femeninos o masculinos, sino a su meditada, consciente y libre decisión de ser un chico, en contra de su sexualidad biológica. Por eso —y aviso que esto es un spoiler—, la niña guarda los restos de un pene de plastilina —con el que ha engañado a sus amigos durante un baño en un lago— en la misma cajita donde guarda sus dientes de leche, como si fuera un trofeo más de su arduo proceso de maduración y construcción de su propia identidad sexual.

También resulta artificioso, ideológico y poco creíble —otro spoiler— que los niños, sobre todo la divertida hermanita, acaben asumiendo con naturalidad, casi sin traumas ni dramas, el cambio de sexo que pretende la protagonista; mientras que los adultos se escandalizan del mismo y reaccionan con cierta agresividad y rigidez, según los supuestos prejuicios que suelen denunciar los militantes del movimiento gay. Como si la natural inocencia infantil exigiera la aceptación del permisivismo radical en materia sexual, aquí desdramatizado en todo salvo en lo que se oponga a una aceptación incondicional del mismo. Desde luego, la vida misma muestra una realidad bien diferente, mucho más compleja, relacionada más bien con la innata fragilidad humana —sobre todo en la infancia y adolescencia— y con el individualismo hedonista dominante en las sociedades occidentales, que tiende a considerar como acto de legítima libertad y como derecho a proteger cualquier manifestación de los instintos humanos, aunque a veces sean perjudiciales. J. J. M.


Después de triunfar en el Festival de Gijón y salir airosa en el de Berlín, se estrena con dos años de retraso esta pequeña cinta francesa escrita y dirigida por Céline Sciamma, que afronta con esta su segunda película. El argumento se centra en Laure, una niña de diez años, que aprovecha su aspecto y su corte de pelo para hacerse pasar por un chico en su nuevo lugar de residencia. Lo que nace casi como un juego espontáneo, simplemente al seguir la corriente a una niña que le toma por varón, se va a ir complicando hasta hacer difícil la marcha atrás.

Esta película, en principio, no parece que tenga la intención de plantear cuestiones de ideología de género, de homosexualidad latente o de crisis de identidad sexual. Ciertamente, plantea esa ambigüedad del personaje en una edad clave en la autoconciencia sexual de una preadolescente, pero no lo hace en términos ideológicos. Laure, además, está afectada por el embarazo de su madre y por la necesidad de sentirse aceptada por los chicos del barrio. Su rol de varón le ayuda a esconder sus miedos y debilidades. En realidad, esta historia está más cerca del romance español de “la doncella guerrera”, que de modernas propuestas ideológicas.

La cinta está rodada con elegancia, es bastante pudorosa y siempre trata de primar la mirada infantil. A pesar de su final abierto, no se puede concluir que Laure vaya a arrastrar problemas de identificación sexual. Para dar vida a la protagonista del filme, la directora optó por Zoé Heran —que a pesar de su juventud ya había aparecido en varios cortos— y por un grupo de niños, amigos de la protagonista en la vida real, para mantener la química en la pantalla. Una película menor, agradable en su puesta en escena y con cierto interés. J. O.




SCARY MOVIE 5 (Scary MoVie) * (2,5)

FICHA TÉCNICA.- Director: Malcolm D. Lee. Intérpretes: Lindsay Lohan, Charlie Sheen, Ashley Tisdale, Kate Walsh, Terry Crews, Molly Shannon, Jerry O’Connell, Heather Locklear, Christine Taylor. Guión: Pat Proft y David Zucker. EE.UU. 2013. Comedia. 85 min. Jóvenes-adultos.

El joven matrimonio formado por Dan (Simon Rex) y Jody (Ashley Tisdale) empieza a detectar una actividad paranormal en su hogar tras acoger a las dos hijas del hermano de Dan, que han pasado tres años solas en un bosque. Cuando el caos invade la vida laboral de Jody como bailarina de danza clásica y la de Dan como primatólogo, ambos llegan a la conclusión de que les ronda el siniestro fantasma de la mamá de las pequeñas. Con la ayuda de numerosas cámaras y de cualificados expertos, harán todo lo posible para proteger a su nueva familia.

Esta quinta entrega oficial de la saga paródica “Scary Movie” muestra el agotamiento de la fórmula, a pesar de los esfuerzos realizados en la puesta en escena por el afroamericano Malcolm D. Lee (“El mejor amigo del novio”, “Sobre ruedas”, “Bienvenido a casa, Roscoe Jenkins”) y en el guión por el veterano David Zucker, en cierto modo, creador del subgénero a través de “Aterriza como puedas”, “Agárralo como puedas”, “Top Secret” y otros filmes similares. Además de la película de terror “Mamá” —del argentino afincado en Barcelona Andy Muschietti—, “Scary MoVie” se burla de otros títulos recientes, como “Cisne negro”, “El origen del Planeta de los Simios”, “127 horas”, la saga “Paranormal Activity”, “Sinister” o “Ted”. Como siempre, domina un humor tosco y grosero, aunque quizás no tanto como el de otras comedias recientes “made in Hollywood”, contagiadas de una zafiedad enormemente irritante. El número fuerte de la película lo protagonizan Charlie Sheen y Lindsay Lohan, que se ríen de las últimas salidas de tono que ellos mismos han perpetrado. Y el gran problema de “Scary MoVie” es que no tiene gracia casi ninguno de sus golpes de humor. Mal asunto, siendo una comedia. J. J. M.




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