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SAN SEBASTIÁN

Castella y Talavante puntúan, Morante deja el mejor sabor

Una bella y pura faena de Morante de la Puebla, aun sin premio tangible, le devolvió este sábado a la moderna plaza de San Sebastián el sabor del mejor toreo. Castella y Talavante cortaron una oreja.
Ayudado por bajo de Morante de la Puebla durante su...
Ayudado por bajo de Morante de la Puebla durante su actuación este sábado en Illumbe. EFE
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Las corridas de toros volvieron hace dos días a San Sebastián, como ya es notorio y conocido, pero el buen toreo no había hecho aún acto de presencia en la capital guipuzcoana. Pero el suceso tuvo que ser al tercer día de la feria y de la mano, cómo no, de Morante de la Puebla.La que el torero sevillano le hizo al mediocre y descastado cuarto toro de la tarde, de medias embestidas de escaso celo, no fue una faena espectacular ni rotunda, sino que resultó todo un pausado catálogo de clasicismo, un memorandum de añeja torería.Pase a pase, serie a serie, la muleta de Morante evocaba a muchos de los grandes toreros que pasaron por el viejo coso donostiarra de El Chofre, el precedente histórico del moderno recinto actual.Y es que, sobre un magistral pero oculto esquema lidiador, todo lo que le hizo a ese vulgar ejemplar, incluidos los adornos, tuvo un brillante sentido, con guiños a todos esos maestros de otras épocas que conviven en el culto concepto del artista sevillano.Con calidad, gusto, arte y pureza, Morante fue encelando al toro en el engaño hasta construir un trasteo impensable al que sólo él supo dar contenido y hondura, porque a las medias e insulsas arrancadas él puso siempre la salsa y el sabor de la intención, el empaque de un pecho entregado al trazo de los pases, tanto con la derecha como al natural.Y antes y después del toreo fundamental, como alivio o decoración de la más bella simplicidad torera, envolvió la obra con medias belmontinas, ayudados por alto en versión gallista o rondeña, alegrías sevillanas, doblones orteguianos y, ya para rematar, hasta con una efectiva media lagartijera.La duda es si fue un pinchazo previo a esa estocada lo que cohibió a la gente de sacar los pañuelos, o que después de tanto tiempo sin toros ya no queda suficiente memoria en esta plaza para paladear el toreo de más sabor.Pero el caso es que tan bella antología morantista se quedó sin ese premio tangible con el que en estos tres días de feria se han valorado en esta plaza faenas de mucho menor mérito y calado artístico.Sí que hubo orejas, en cambio, para Sebastián Castella y Alejandro Talavante, porque ambos se impusieron a la escasez de raza de los primeros toros de sus lotes.El francés se pasó muy cerca, con una quietud también algo mecánica, a un ejemplar soso al que logró afianzar paciente en la arena, pero que respondió bien cuando se lo trajo enganchado a la muleta con la mano izquierda.Por ese lado zurdo llegaron los mejores momentos de una actuación para la que una gran estocada, con muerte fulminante, motivó incluso la petición de una segunda oreja.El trofeo de Alejandro Talavante llegó en el tercer turno, de un toro de muy escaso fondo y brío al que consintió y ayudó con suavidad, con el mérito del temple pero sin lograr una mayor intensidad.Antes, Morante no perdió mucho tiempo ante un primero sin voluntad de embestir. Y después, Castella y Talavante intentaron en vano sacar partido de dos "juanpedros" desrazados y negados a la pelea en cuanto vieron una muleta delante.

FICHA DEL FESTEJO

San Sebastián, sábado 15 de agosto de 2015. 3ª de Feria. Algo menos de tres cuartos de plaza.

Toros de Juan Pedro Domecq, de terciada presencia, salvo el sexto, con más volumen y alzada. Faltos de celo y muy medidos de fuerzas, dieron un juego deslucido y desrazado en su conjunto.

Morante de la Puebla, palmas y ovación.

Sebastián Castella, oreja y ovación.

Alejandro Talavante, oreja y silencio.

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