La catedral de Cuenca desvela sus secretos: del "padre de los pobres" a la capilla oculta
Un recorrido por el templo conquense, famoso por su parecido a Notre Dame, que esconde la fascinante historia de San Julián y tesoros como sus órganos gemelos
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El programa Un lugar en la tierra de TRECE, presentado por el sacerdote Fidel Gómez, ha explorado los secretos de la Catedral de Cuenca junto al capellán Miguel Ángel Albares y el historiador Miguel Ángel Jiménez Montesein. Este gigante de piedra, como la describe Albares, impresiona por su fachada neogótica, construida entre 1920 y 1950, que la convierte en "la fachada que más se parece en nuestro país a Notre Dame en París". Su Rosetón Central, orientado al poniente, simboliza a la Virgen María y a Cristo.
Los vitrales del interior narran la historia de los doce apóstoles y de San Julián, segundo obispo de la diócesis, cuya figura en piedra preside la entrada. Aunque la tradición lo sitúa en Burgos, el historiador Jiménez Montesein aclara que pertenecía a la comunidad de los mozárabes de Toledo, cristianos que mantuvieron su fe en territorio musulmán.
El corazón sonoro y espiritual
Una vez dentro, la catedral revela su verdadera magnificencia. "Lo bueno lo encontramos en el interior", afirma el capellán. El visitante se encuentra en el transepto, el corazón de la catedral, que sigue una planta de cruz latina. Este espacio alberga joyas del Renacimiento como el arco de Jamete, concebido para "conmemorar la fe", y el coro, definido por Albares como "el alma sonora de la catedral". Este coro cuenta con dos grandes órganos gemelos que pueden ser tocados simultáneamente por dos organistas.
La catedral de Cuenca desvela sus secretos: del "padre de los pobres" a la capilla oculta
El altar mayor está dedicado a la titular del templo, la Natividad de la Virgen María. Tras él se encuentra la girola, conocida por los conquenses como el "transparente", un deambulatorio que conduce al lugar que alberga la reliquia más importante: el cuerpo de San Julián, obispo de Cuenca entre 1198 y 1208.
San Julián, el 'padre de los pobres'
La figura de San Julián es fundamental en la historia de Cuenca. Se le conoce como el "verdadero padre de los pobres" porque, según explica el historiador, se convirtió en el "proveedor de las necesidades" de la ciudad. Gracias a su capacidad para recaudar rentas fiscales, disponía de grandes cantidades de grano para paliar el hambre. "Debió ser un hombre dadivoso, y eso dejó una huella en ese epíteto", señala Jiménez Montesein, matizando que la leyenda de las acémilas cargadas de grano es una mitificación de su buena gestión.
Su culto se impulsó de forma solemne en 1471. En un momento de penuria, con un obispo absentista italiano que se llevaba las rentas, el cabildo decidió usar esas rentas para el pueblo y justificó su acción presentando a San Julián como el modelo de obispo caritativo. De la noche a la mañana, se instauró un culto solemne en torno a la fecha de su fallecimiento.
La catedral de Cuenca desvela sus secretos: del "padre de los pobres" a la capilla oculta
Tesoros ocultos y el trágico destino de las reliquias
La catedral también esconde espacios secretos como la Capilla Honda, hoy del Sagrado Corazón de Jesús. Albares revela que se la conoce como "el tesoro de la catedral" y explica que su nombre se debe a que el suelo actual, una tarima del siglo XVIII, oculta el nivel original varios metros más abajo. Este espacio funciona como "la parroquia de dentro de la catedral", un lugar dedicado a la oración.
Un lugar en la tierra: Vigo
Las paredes de esta capilla están decoradas con pinturas de un artista genovés, que narran escenas de la vida de San Julián. Estas viñetas, descritas como "el tebeo de la época", muestran al obispo dando limosna y ayudando a los pobres, reforzando visualmente su fama de hombre caritativo.
El recorrido finaliza en el altar del transparente, donde un arca de plata creada por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII guardaba el cuerpo del santo. Sin embargo, durante la Guerra Civil Española, el arca fue saqueada y los restos quemados. Hoy, solo se conservan "pequeños trocitos de hueso y pequeños trozos de vestido". Como consuelo, la reja que protege el arca se abre durante los años santos jacobeos conquenses, que son los que terminan en 8, para que los fieles puedan venerar lo que queda de su patrón.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.