Santoral

Santoral: Jueves de la Octava Pascua, la demostración de que Cristo Vive

Jesús Luis Sacristán García

La Pascua va discurriendo de tal manera que no se puede ocultar la alegría que causa la Salvación de Dios. Hoy, quinto día de la Octava de Pascua, el Resucitado vuelve a resonar en nuestras vidas. ¡Cristo! ¡Alegría del mundo!¡Resplandor de la Gloria del Padre! Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo. En el día primero tu resurrección, alegraba el corazón del hombre.

En el día primero, vio que todas las cosas eran buenas porque participaban de tu Gloria. La mañana celebra tu resurrección y se alegra con claridad de Pascua. Que nosotros vivamos como hijos de luz y no pequemos contra la claridad de tu presencia. Ya que habéis resucitado con Cristo, aspirad a los bienes de allá arriba, no a los de la tierra. Dejad al hombre viejo con sus achaques y deficiencias, revistiéndoos del hombre nuevo. Lo caduco ya ha pasado.

El Señor Dios le dará el trono de David su padre. Su Reino no tendrá fin. Seguimos los pasos del Resucitado que hoy se pone en medio de los Once cuando están en el Cenáculo. La preencia del Mestro les llena de alegría y de vacilación. Para que se convenzan de que se trata de Él verdaderamente les muestra las manos, los pies y el costado.

Y como no acaban de creérselo por la alegría les pide algo de comer. Según lo toma les recuerda que ya se lo había dicho, al tiempo que concluye con una frase contundente: “Vosotros sois testigos de todo esto”. El Aleluya en la Pascua manifiesta la alegría que no acaba y el cielo nuevo y la tierra nueva. En esta semana de la octava no sólo se canta antes del evangelio, sino que también se emplea al finalizar la Santa Misa en la despedida.

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