Boletín

SANTORAL 20 JUNIO

La mujer que siguió la guía de sus hermanos para ser santa

Santa Florentina se consagró a Dios desde una vida ascética y con la ayuda de sus hermanos San Leandro y San Isidoro

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Jesús Luis Sacristán

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 20 jun 2019

La fortaleza del Espíritu y su paso por la vida de los hombres hace que muchos se sientan tocados por la Gracia. Pero ello depende de la libre respuesta del hombre a la oferta de Dios. Hay casos en los cuales algunos aceptan la Fe dentro de una misma comunidad y otros se sienten tan tocados que hasta el resto de la familia entra por la senda de la santidad. 

Es lo que le pasó a Santa Florentina que conmemoramos hoy. Su origen se sitúa en Cartagena allá por los años 612 o 617 según precisa la historia. Sí conocemos la pertenencia a familia de santos tan célebres como San Fulgencio, San Leandro y San Isidoro, todos ellos hermanos y los tres varones obispos en Sevilla como es el caso de Isidoro y Leandro, o de Écija como Fulgencio. 

Consagrada a Dios desde muy joven, ella es la que se pone en manos de Dios para que el disponga de su vida. No obstante, necesitaba confesor y apoyos espirituales. San Leandro es el influyente en su hermana para que se acerque a la vida ascética. San Antonio Abad, que marcó un estilo de vivencia al más puro estilo eremítico, había dejado una impronta en las futuras generaciones de la Iglesia. Entonces, Florentina abre una residencia para su estilo de vida ascético con un grupo de consagradas . 

El Convento se llamaba Santa María del Valle y estaba cerca de Écija. San Leandro redactó una serie de principios que su hermana adoptó en esa vida de perfección moral. Era la manera de completar la obra de impulsar a su hermana a llevar una consagración a Dios, porque de esa manera quedaría marcado para la posteridad un camino de perfección. También San Isidoro escribió un Tratado de Fe a petición de ella. Santa Florentina muere tras una vida de total entrega a Dios el siglo VII.

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