Madrid - Publicado el
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Nadie podría imaginar desde el punto de vista humano que tres personas distintas y no todas cristianas terminen dando la vida por el mismo Señor. Hoy celebramos a los Santos Tiburcio, Valerio y Máximo. Valerio casa con Santa Cecilia.
Recién desposados, ella le confía un secreto en la misma noche de bodas: que es cristiana. Esta idea le impacta de tal manera que siente la urgencia de convertirse. Incluso quiere conocer al Ángel de la Guarda que le guía y protege por encargo de Dios. Para conseguirlo y ayudado por su mujer encuentra al Papa Urbano que le bautiza, uniéndolo a la Comunidad.
Pero los acontecimientos dan un paso más. La alegría que respiran toca el corazón de Tiburcio- hermano de Valerio y cuñado de Cecilia- que se anima a seguir el camino. Antes había preguntado por curiosidad a Valerio el sentido tan sobrenatural en su trayectoria.
Un día son descubiertos y arrestados. El Prefecto quiere evitar su condena a muerte y les ofrece sacrificar a los dioses imperiales. Sin embargo los dos jóvenes no quieren hacerlo porque se han convertido y serán así para siempre.
Cuando los dos hermanos son llevados al suplicio, antes de Cecilia, el soldado que les vigila, de nombre Máximo, queda impactado por la sencillez de ambos y se convierte, tras indagar el motivo de su felicidad sobrenatural. De esta forma los Santos Tiburcio, Valerio y Máximo mueren mártires.