Primero tengo que cambiar yo

Entrevistamos a Roberto Okón, superior de la Casa San Martín de Porres, misión de los Dominicos en Guinea Ecuatorial

Primero tengo que cambiar yo

 

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Jefa de Tribunales

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 03:36

Desigualdades, injusticia, pobreza, división norte-sur...no hemos avanzado tanto. Nos queda, todavía, mucho recorrido para que el mundo cambie. Me lo dice Roberto Okón, Superior de la Casa San Martín de Porres, la misión de los Dominicos en Guinea Ecuatorial, en Malabo, donde tuve la suerte de vivir un mes de voluntariado este verano. “Cuando yo sepa cambiar entonces cambiará el mundo. Tenemos que cambiar nosotros. Ahí radica el cambio”. Habla con pasión y espiritualidad a la vez. “ Lo que más necesita el hombre para cambiar el mundo es a Dios”, añade.

Tiene muy claro que la misión empieza en la propia tierra. Cuando los españoles hablamos de misioneros pensamos en los nuestros que están fuera. A día de hoy son 12.000, aunque eran muchos más. Pero en Malabo está un guineano, un dominico joven que se formó en España, en Salamanca. Es el primer dominico de su país. “Antes, los misioneros venían de fuera, pero ahora es mejor que los evangelizadores sean sus propios hermanos”, opina Roberto Okón. Hablamos de la situación de Europa y de España, que la conoce bien. “ Ya no hay la expresión profunda y sólida de la fe de antaño”, dice, y “ Europa debe evangelizarse a sí misma”. Hoy día, comenta, no hay necesidad de salir fuera de la tierra, porque la misión empieza en tu tierra.

La vida Roberto Okón, que además es profesor de Teología en la Universidad, gira, fundamentalmente, en torno a su parroquia, Santa Maravillas de Jesús, en Malabo, en Patio Pérez. Una parroquia que nació en 2009, a la que acude mucha gente, con perfiles y necesidades muy distintos. Gente muy comprometida. En muchos casos, familias enteras que participan en varias actividades. Me llamó la atención. En España va todo muy rápido y, a veces, no tenemos tiempo ni para pensar. “Lo que pretendemos es que la parroquia sea la comunidad de todos, donde la gente pueda encontrar sosiego, paz, consuelo, donde pueda expresar su fe, que sea la casa de todos, donde todos beban de Dios”, señala. Además de misas, despacho parroquial y actividades de la parroquia, Roberto Okón visita a los enfermos y a todas las personas que lo necesiten.

Los jóvenes juegan un papel importante. Necesitan a la Iglesia y la Iglesia los necesita. “ Son el futuro, la esperanza y la alegría de esta comunidad”, asegura este misionero dominico. Necesitan reorientarse, y el cambio lo tienen que hacer desde el Evangelio, desde la persona de Jesús, porque es quien les puede cambiar hacia un buen rumbo, manifiesta. Necesitan el cambio radical que pide el Papa Francisco. Nos cuenta que son jóvenes entregados, apasionados, que se comprometen en tareas solidarias. Lo pude comprobar.

Roberto Okón tiene muy presente a Dios durante toda la conversación, en su despacho parroquial. Se hizo religioso porque, como Jesús, está apasionado por el hombre, por el ser humano, y considera que ser misionero es la mejor expresión. De esta forma puede llevar a Jesús, de forma alegre, a todos los rincones, asegura. Y tiene muy presente al Papa Francisco porque es el símbolo de la unidad. “Somos una Iglesia que no camina sola, camina junto al Papa”. Y nuestra misión es seguir la línea que él marca, señala. Se notan sus cambios y en Guinea Ecuatorial, comenta, se leen sus encíclicas y se profundiza en ellas, en espacios de debate y conversación. La formación es muy necesaria, destaca, porque sólo desde ella se puede cambiar el mundo y trazar un horizonte. “La gente necesita el amor de Dios para llevar el amor a los demás. Se puede tener todo pero sin ese amor uno se encuentra vacío”.

Como es africano, hablamos de la posibilidad de un Papa de ese continente, y responde que su sueño no es sólo un Papa africano, también de Asia y de Oceanía, “ la Iglesia es universal”, recuerda. Y dice que hay que estar atento a la voz del Espíritu Santo.

Terminamos la conversación hablando del grito de alegría de los guineanos. “Yeyeba”, un grito con el que finalizan las celebraciones y ceremonias importantes, como fue la misa de la Virgen de Bisila, patrona de Malabo y de la Isla de Bioko, el 15 de agosto. Los africanos, y en este caso los guineanos, son alegres y saben expresarlo. Contento y sonriente, y con cierta pasión, Roberto Okón me explica que es un grito de Dios con nosotros. “La fe no se puede quedar como un barniz. Se vive de forma íntima pero también de forma comunitaria. Yeyeba rebosa alegría, felicidad, es una expresión de albricias, de gozo”. Lo pude escuchar en varias ceremonias pero me quedé con las ganas de que Roberto Okón gritase “Yeyeba” en su despacho. Tenía mucho eco.

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