El cotidiano error que cometes y debes evitar cuando asistes a una misa

Para muchos cristianos la misa se trata del momento más especial de la jornada, dada sus profundas creencias y Fe en Cristo. 

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Redacción Religión

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 17:55

Son millones de españoles los que asisten misa día a día. Para muchos se trata del momento más especial de la jornada, dada sus profundas creencias y Fe en Cristo. Sin embargo, en ocasiones cometemos errores, la mayoría de ellos comunes, que vamos a tratar de corregir en este tutorial.

Quizá el más frecuente es el incorrecto uso que hacemos de la expresión 'Amén' durante la liturgia. Cuando rezamos el Padre Nuestro hacia nosotros mismos, es correcto finalizar con un 'Amén', pero durante la misa, el contexto es algo diferente, ya que en este caso el Padre Nuestro forma parte de una oración más larga. Así las cosas, cuando el sacerdote culmina la oración con “y líbranos del mal”, no debemos decir Ámen, ya que el párroco continuará con estas palabras: “Líbranos Señor de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días…”

Otro de los errores que cometen algunos feligreses es reproducir algunas partes de la misa que tan solo corresponden al sacerdote. Por lo general, es un fallo que se produce al final de la plegaria eucarística, cuando el sacerdote reza: “Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”. Durante esta parte del rezo, los asistentes han de permanecer en silencio.

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Y si planteamos la pregunta... ¿hay que arrodillarse o permanecer de pie durante la consagración? La respuesta correcta es la primera, siempre y cuando no padezcas algún problema de movilidad o alguna circunstancia que lo impida. En ese caso, y como alternativa, los fieles deben hacer una pronunciada inclinación de reverencia cuando el sacerdote se arrodille tras la consagración.

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Pero tal vez el error que cometes de manera persistente y posiblemente ni siquiera seas consciente de ello, es cumplir con el ayuno. Y es que la Iglesia establece que no debemos consumir alimentos sólidos al menos una hora antes de recibir la Santa Eucaristía. El agua y las medicinas quedan excluidos. Si por contra te has alimentado durante la previa, puedes asistir a misa, pero no puedes comulgar.

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