• DIRECTO

    La Tarde

    Pilar Cisneros y Fernando de Haro

Boletín

Un ejército de hermanos

Hay titulares en los que apenas reparamos hasta que la noticia nos toca de cerca. Ella, que siempre ha sido una luchadora y es muy fuerte, va a pelear

Un ejército de hermanos

 

Rodrigo Pinedo Texidor

Director Medios de Comunicación Arzobispado Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:06

«Herida de gravedad una joven tras ser atropellada por un autobús en Madrid». Este titular podría haber pasado para mí como otro de tantos en la vorágine informativa en la que vivimos, ajenos a la cantidad de desgracias cotidianas que nos rodean. La diferencia en este caso es que, por cercanía, la noticia duele. Duele mucho y soy incapaz de quitarme a la protagonista y a su familia de la cabeza.

A ella la conocí hace unos cuantos años en Gandía, en un viaje lleno de anécdotas de mi Núcleo Duro. Era la hermana pequeña de uno de mis más apreciados amigos y se pasó buena parte del fin de semana con nosotros en vez de con sus amigas. Ella destilaba admiración hacia él y él alardeaba de lo lista y lo guapa que era, de sus planes con la carrera de Medicina… Cariñosa, alegre y bailonga, empezamos a verla más a menudo y pronto la acogimos como una más.

La muerte de su hermano en junio de 2015 no borró su enorme sonrisa –¡preciosa sonrisa!– ni su ilusión por la vida. Compartimos lágrimas, cierto, pero sobre todo muchos recuerdos y un profundo agradecimiento por el camino recorrido juntos. Entonces escribí que, «desde ese lugar privilegiado» en el que él se encuentra, «vela por su pequeña doctora». Estoy seguro de que lo ha hecho durante estos años y ahora lo está haciendo todavía con más fuerza.

Entre cervezas, cafés y bodas, entre ligues, estudios y prácticas, entre batallitas y proyectos de futuro, ella se ha convertido en nuestra adorada hermana pequeña. Con nuestros defectos y equivocaciones, con nuestras prisas y nuestros olvidos, nosotros también somos como hermanos para ella.

Ahora este ejército de hermanos mayores anda pendiente de cada nuevo parte del Hospital de La Paz, sin más armas que nuestras oraciones y a disposición de su familia para cuando nos llame a filas. Ella, que siempre ha sido una luchadora y es muy fuerte, va a dar esta batalla. Ya la está dando. ¡Vamos, Bea!

Lo más