El Vaticano alerta sobre la "inmortalidad digital": "La vulnerabilidad no es un defecto del sistema"
La Comisión Teológica Internacional publica un documento en el que alerta de los riesgos del transhumanismo y defiende la "gramática de la creación"
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En un contexto marcado por el ascenso de la Inteligencia Artificial y la biotecnología, la Santa Sede lanza una advertencia a través del documento “Quo vadis, humanitas?” (¿A dónde vas, humanidad?). En él, la Iglesia denuncia que el hombre contemporáneo se enfrenta a la tentación de sustituir su naturaleza por un diseño puramente técnico.
Según el documento, existe un peligro real en “la pretensión de una libertad absoluta que se traduce en una voluntad de auto-manipulación y de auto-construcción técnica de la propia naturaleza”.
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Esta tendencia, advierten los teólogos dirigidos por el sacerdote Javier Prades, olvida que la existencia no es un producto de la ingeniería. El texto subraya que la vida debe entenderse como “un don gratuito que nos precede y que pide ser acogido con gratitud y responsabilidad”, en lugar de ser tratada como un objeto de consumo. Para la Comisión, el ser humano no debe olvidar que “la criatura no es el autor de su propio ser”, y que intentar ignorar los límites biológicos es una forma de ceguera ante la realidad.
la falsa divinización del transhumanismo
Uno de los puntos más críticos del informe es el análisis de las corrientes transhumanistas. El documento es tajante al calificar estas aspiraciones como “una forma de idolatría moderna”. “El transhumanismo se presenta como una promesa de felicidad que, en realidad, es una forma de fuga de la realidad y de la propia condición humana”, dice el texto.
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La Iglesia contrapone esta “inmortalidad digital” a la verdadera esperanza cristiana, señalando que “la divinización del hombre no es el resultado de una autotransformación tecnológica, sino de la acogida de la gracia de Dios que transfigura nuestra finitud”.
Además, advierte que buscar la perfección mediante algoritmos ignora que “la vulnerabilidad y la finitud no son defectos que haya que corregir, sino dimensiones constitutivas de nuestra humanidad”.
La técnica al servicio de la persona
Lejos de adoptar posturas tecnófobas, el documento denuncia que el actual “paradigma tecnocrático” tiende a reducir la realidad a un conjunto de datos y funciones”. Este enfoque genera una visión donde “el ser humano corre el riesgo de ser considerado un 'material de desecho' cuando no responde a los estándares de eficiencia y rendimiento”.
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Para la Comisión Teológica Internacional, es urgente recuperar una ética que no se rinda ante la eficiencia: “El desarrollo técnico solo es verdadero progreso si sirve al crecimiento integral del hombre y de todos los hombres”. El informe insiste en que no se puede permitir que la tecnología se convierta en una herramienta de dominio, pues “una técnica que no reconoce límites se vuelve necesariamente contra el hombre mismo”.
Una vocación más allá de lo biológico
Finalmente, el estudio propone un “humanismo situado” que acepte la fragilidad como parte esencial de la experiencia humana. El documento insiste en que el futuro no depende de la potencia de cálculo, sino de reconocer que “la identidad humana no es un dato estático, sino una vocación abierta al misterio de Dios”.
“La dignidad de la persona humana está vinculada a su capacidad de relación y de amor, dimensiones que ninguna inteligencia artificial podrá jamás replicar ni sustituir”, concluye el texto. El desafío, asegura la Comisión, es recordar que “el hombre es más que su capacidad de hacer; es, sobre todo, su capacidad de ser en el amor”.