El obispo auxiliar de Cuzco, Lizardo Estrada, nuevo secretario general de los obispos de Perú

El arzobispo de Lima ofició el domingo una Eucaristía en la catedral por las 49 víctimas de las protestas habidas tras la destitución del presidente Pedro Castillo

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El obispo auxiliar de Cuzco, Lizardo Estrada Herrera, es desde este miércoles 18 de enero nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal de Perú (CEP). Su nombramiento se un producido en el marco de la Asamblea Episcopal que tiene lugar en Lima, un encuentro marcado por las protestas y manifestaciones que desde el pasado mes de diciembre se suceden en distintas partes del país y que hasta la fecha han causado medio centenar de muertos, según datos oficiales.

El obispo Estrada es agustino y tiene 49 años. Nacido el 23 de septiembre de 1973 en la provincia de Cotabambas, se formó en el seminario San Carlos y San Marcelo de la ciudad de Trujillo e hizo la profesión solemne en la Orden de San Agustín en 2001. Estudió Teología Moral en la Universidad Alfonsiana de Roma y Pedagogía en el Instituto Juan Pablo II de Trujillo, licenciándose en este centro en Educación en 2009. Cuanta también con un doctorado en Pastoral por la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín (Colombia). Se ordenó sacerdote en 2005.

El pleno ha elegido asimismo al obispo auxiliar de Arequipa, Raúl Chau Quispe (1967), como presidente del Consejo Económico del episcopado, y al obispo auxiliar de Lima, el dominico Juan José Salaverry Villarreal (1969), como presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada.

Sufragio en la catedral de Lima por las víctimas

En las últimas horas los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad han causado la muerte a otra persona en Puno. Asimismo, una mujer de 51 años ha fallecido en el departamento de La Libertad tras sufrir un infarto en un autobús y no poder ser trasladada a un centro médico a causa de los bloqueos de carreteras. En esa misma región del noroeste del país una joven embarazada de 28 semanas ha perdido a su bebé por el mismo motivo. Con ellas, las víctimas —directas o indirectas— de los disturbios ascienden ya a 52. La jornada más sangrienta fue la del 9 de enero, en la que la policía mató a 17 personas en la localidad de Juliaca, en la provincia de Puno. La Conferencia Episcopal ha condenado toda violencia, venga de donde venga.

El arzobispo de Lima, Carlos Castillo Matasoglio, ofició el domingo 15 de enero en la catedral una Eucaristía por todas las víctimas habidas tras la destitución, detención y encarcelamiento el pasado 7 de diciembre del expresidente Pedro Castillo.

«Esta Misa —dijo— la hacemos unidos a todas las iglesias de la nación y a los sufrientes con los cuales quisiéramos compartir su sufrimiento: familiares, hermanos policías, médicos y, sobre todo, la enorme cantidad de jóvenes que han sufrido la muerte. Nuestra Iglesia está unida a nuestro pueblo, porque el Señor la denominó “Pueblo de Dios”».

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Tras bendecir y orar ante las imágenes de los fallecidos, situadas en el altar, Castillo dijo que la Iglesia no hace una interpretación política, económica o social de la crisis que vive el país, sino meramente «espiritual», yendo «al fondo de las cosas». Y, en línea con el Evangelio, se preguntó si somos capaces de escuchar la voz del Señor en la de quienes «han sido silenciados» y despojados de vida, si «consideramos realmente que todos los muertos son nuestros» y si «estamos convencidos de que no hay muerto ajeno».

«A esos hermanos que han matado y se mueven pedidos como alma en pena irradiando más muerte —concluyó—, les decimos y los llamamos con el corazón estremecido de dolor, que la sangre derramada no clama venganza, su sangre clama misericordia y paz, rectificación de comportamientos y conversión, para que termine esta tenebrosa y oscura espiral de violencia absurda e inaudita».

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