La historia de Yevgeniy Zinkovskiy, obispo auxiliar de Karaganda: "Me enamoré de Dios al conocerlo"
Debido a la furibunda persecución que había contra la fe en su tierra nunca le hablaron de Dios hasta los 15 años. Una vez lo conoció se enamoró de él

ctv-zj4-arzobispo
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
La diócesis de Karaganda, situada en el corazón de Asia Central en pleno Kazajistán, tiene una extensión mayor que todo el territorio de España y Portugal. Los católicos que conforman esta joven sede episcopal, erigida en 1999, no superan los 20.000 feligreses. Desde el pasado mes de septiembre, Yevgeniy Zinkovskiy es el obispo auxiliar, un prelado kazajo de apenas 46 años y que proviene de una familia de origen polaco que fue deportada por los soviéticos junto a otros miles de compatriotas.
La historia de Zinkovskiy es muy llamativa. Debido a la furibunda persecución que había contra la fe nunca le hablaron de Dios hasta los 15 años, cuando casi por casualidad se enteró de que su padre y su abuela eran fervientes católicos. Para proteger a su familia nunca lo exteriorizaron. Aún así, luego supo que en su familia habían acogido de manera clandestina a sacerdotes y monjas durante aquellos duros años. Una vez que conoció a Dios se enamoró de Él. Cuando el telón de acero caía, un sacerdote polaco visitó su pueblo. Lo hizo enarbolando una fe sin complejos y vistiendo ropa clerical. Este hecho le dejó completamente en shock, y fue el punto de inflexión que cambiaría su vida para siempre.
Al ser cuestionado sobre lo que sintió al ser llamado por el Papa Francisco, explica que “la responsabilidad que la Iglesia me ha ofrecido inmerecidamente. Por otro lado, palpé también el amor paterno de Dios Padre, que me amó como a los demás apóstoles y que, a través de mi vida, quiere transmitir su amor también a quienes aún no lo conocen”
La situación de la Iglesia en Kazajstán
“La Iglesia Católica en Kazajstán es una iglesia minoritaria. Pero es a nosotros que el Señor dice: «No temáis, pequeño rebaño». Los fieles católicos de aquí son en su mayoría descendientes de los pueblos deportados a nuestro país durante las represiones estalinistas. Por lo tanto, todavía hay en nosotros un cierto temor, también por la fe. Pero ahora hay libertad religiosa en nuestra nación. Podemos aprender en la práctica cómo vivir con personas que no son creyentes o que creen de manera diferente”.
Zinkovskiy cuenta que su vida cambió cuando “un sacerdote católico de Polonia vino a nuestro pueblo. No tenía el miedo que retenía al pueblo de la Unión Soviética. Caminaba abiertamente con ropa sacerdotal e invitaba a la gente a ir a la capilla y rezar públicamente a Dios. Esta invitación también se extendió a nosotros. Más tarde me convertí en acólito y tuve la oportunidad de viajar con él a otros pueblos para visitar a los creyentes. Fue una revelación para mí ver que hay muchas personas que creen en Dios, pero que no tienen la oportunidad de conocerlo en una iglesia durante la Santa Misa”.
Buena formación de los sacerdotes
Aboga por la importancia de que los sacerdotes reciban una buena formación para su ministerio para que “no sólo que se conviertan en buenos maestros para los demás, sino sobre todo para su propia conversión personal. La preparación que lleva al sacerdote a una relación real con el Dios verdadero puede ayudarlo cuando encuentre dificultades. Y es entonces cuando se puede convertir en una ayuda para dar un testimonio real del amor de Dios”.





