Hogares Lázaro: cuando personas de la calle y jóvenes voluntarios conviven bajo un mismo techo

El proyecto 'Hogares Lázaro' ha conseguido que cientos de personas dejen de vivir en la calle y convivan con voluntarios y personas en su situación

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En el año 2006 tres jóvenes franceses ofrecieron su casa para hospedar a personas. Así nació el proyecto 'Trata de evitarlo'. Diez años después, en 2017, llegó a España para que siguiese creciendo. Hoy Hogares Lázaro organiza estos pisos para que jóvenes estudiantes o profesionales compartan piso con personas de la calle.

''Estaba en la calle, vivía en un banco de la calle santa Engracia'', dice Jose. Estuvo en esa situación 18 años, alternando con albergues.

En Madrid los pisos destinados a esta tarea quedan en un bloque de edificios con espacios compartidos, como la capilla para la oración. Allí los jóvenes voluntarios ''rezamos laudes todas las mañanas'', comenta Bernabé Villalba, uno de los responsables de Hogares Lázaro. Hablamos con algunas personas que han vivido en la calle. ''Imagínate una persona que tiene dos títulos universtarios, soy abogada, y saber que eso no vale de nada'', comenta una de las residentes.

Viven el concepto original del bien común, del servicio a los demás

En su página web informan con datos de su trabajo a nivel mundial. Más de 770 personas han vivido en alguno de sus pisos, el 85% de las personas encuentran un hogar estable cuando abandonan el proyecto, o que han evitado que 15904 personas duerman en la calle en Europa y México.

Hay muchos proyectos que ayudan a la gente de la calle a sacarlas de ahí. ''A donde no llega el Estado, llega la Iglesia'' comenta José Luis Hornillos. Mucha gente cree que no podrá salir de la calle, pero Hogares Lázaro les da esta oportunidad.

Pone el ejemplo de Ricardo, un sintecho que llegó en 2020. Vivía en la Plaza Mayor de Madrid. Se los llevaron a IFEMA durante el confinamiento y después llegó a Lázaro. Tras el tiempo de convivencia, salió con la idea de saber que puede contar con los demás, a no querer estar solo.

Esa actitud proviene de la convivencia comunitaria. ''Estamos al mismo nivel, todos tenemos responsabildiades en el hogar y obligaciones en cuanto a limpieza, pagar la habitación'', explicaBernabé. A través de otras asociaciones y una trabajadora social de la fundación, realizan una entrevista antes de entrar a convivir.

Las personas acogidas son de diferente edad y perfil. Vienen de diferentes situaciones. Ahora en MAdrid hay 7 chicas y 8 chicos que hacen el acompañamiento. Los voluntarios estudian o trabajan. ''A través de lo cotidiano ocurre este encuentro, en las comidas, en ir al cine juntos''.

Las vidas se transforman, hasta ''de los que vienen de visita. Pienso que vivimos en una burbuja, pero cuando salimos al otro, se rompe por el amor al prójimo'', asegura Bernabé. Y añade que ''No es un proyecto personalista, es un proyecto de Dios''.

El tiempo límite suele ser de uno o dos años de los voluntarios y las perosnas sin hogar no tienen fecha de salida. ''Lázaro es un puente para que sigan adelanta''.


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