EN 'EL ESPEJO'

El yihadismo sigue presente en las cárceles de Iraq y este obispo propone una solución

Mons. Warduni pide que se dé a los terroristas, a pesar de lo que han hecho, un itinerario de reconstrucción a largo plazo

Los yihadistas pueden encontrar en la cárcel tiempo para su lectura deformada del Corán

Los yihadistas pueden encontrar en la cárcel tiempo para su lectura deformada del Corán 

José Luis Restán
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Director Editorial COPE

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 13:26

Hoy contamos en El Espejo que un obispo iraquí ha advertido del riesgo de radicalización en las cárceles en las que están detenidos los yihadistas del Estado Islámico tras la derrota militar de este grupo terrorista.

Salomon Warduni es obispo auxiliar de Bagdad y ha lanzado la voz de alarma: las prisiones en las que están detenidos miles de yihadistas, condenados o a la espera de sentencia, pueden transformarse en auténticas escuelas de extremismo si no se toman las medidas adecuadas.

En la concepción de estos grupos, la prisión es uno de los tantos “pasos” de la yihad”. Dentro de las celdas, los milicianos profundizan su lectura deformada del Corán y planifican nuevos ataques. A veces, la mera presencia de un yihadista en una celda sirve para que acabe reclutando a otros muchos internos si no se afronta con decisión e inteligencia el problema.

El obispo Warduni considera que debe abrirse paso una perspectiva de recuperación humana dentro de las penas impuestas, con el fin de erradicar la mentalidad extremista. Un problema añadido son los casos de torturas que se producen en las cárceles para obtener confesiones de los terroristas. Mons. Warduni recuerda que estas personas, aunque han cometido actos terribles, tienen derecho a vivir como hombres, y para eso es necesario proponerles itinerarios de reconstrucción a largo plazo. La peor elección, para todos, es abandonar a esta gente a su propia suerte.

También contempla Warduni la cuestión del extremismo a largo plazo, subrayando que el principal desafío para Irak es la educación. Es necesario educar no sólo los adultos, sino sobre todo a las nuevas generaciones. Reconoce que es difícil que el gobierno de Bagdad tenga la fuerza y los recursos para hacer todo esto, y por eso reclama la implicación de todos los sectores sociales para reconstruir un tejido social, jurídico e institucional.

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