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EN 'EL ESPEJO'

El hombre que dejó el cabaret de París y Montecarlo para ser sacerdote en un barrio de mayoría musulmana

Michel Maria Zanotti va con Rosario en mano y en sotana por las calles. Cristianos y musulmanes le conocen por haber cambiado la vida de fe del barrio

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José Luis Restán
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Director Editorial COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 14:09

Hoy contamos en El Espejo la historia de un párroco de Marsella, con orígenes curiosos, que ha infundido nueva vida a una parroquia moribunda en el centro de la ciudad.

Michel Marie Zanotti había sido cantante de éxito en los cabarets de París y Montecarlo, hasta que la llamada de Dios le hizo cambiar de rumbo. Fue ordenado sacerdote de la diócesis de Marsella a los 40 años, y enviado a la parroquia de San Vicente de Paúl, enclavada en un barrio con gran presencia de musulmanes y apenas el 1% de la población es católica practicanteCuando llegó, la parroquia permanecía cerrada durante la semana y la única misa dominical se celebraba en la cripta, a la que apenas acudían 50 personas.

Su primera decisión fue mantener abierta la iglesia todo el día: hay cinco puertas siempre abiertas y así todo el mundo puede ver la belleza de la casa de Dios. Miles de viandantes y turistas se encuentran con la iglesia abierta y con los sacerdotes a la vista. Este es su método: la presencia de Dios y su gente en el mundo secularizado. La liturgia es el punto central de su ministerio y mucha gente se siente atraída por la belleza de la celebración de la Eucaristía. Además está siempre disponible para la confesión.

A las 8 de la mañana ya hay gente esperando en la puerta para poder acudir a este sacramento o para pedirle consejo, y pasa muchas horas en el confesionario. Considera que la vida cristiana no se concibe sin la adoración del Santísimo Sacramento y sin un ardiente amor a María, por lo que introdujo la adoración y el rezo diario del Rosario dirigido por estudiantes y jóvenes.

En un barrio de mayoría musulmana Michel Marie lleva siempre la sotana y el rosario en las manos. Considera importante que el cura pueda ser distinguido entre la gente para que todos puedan buscarle y reunirse con él. Pero su presencia no se limita al interior del templo. Es un personaje conocido en todo el barrio, también por los musulmanes. Desayuna en los cafés y habla con todo el mundo, también con la gente no practicante. Ahora más de 700 personas acuden todos los domingos a Misa, y 200 adultos se han bautizado desde que llegó, 34 en la última Pascua.

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