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El decrecimiento necesario

Occidente muestra síntomas de agotamiento de modelo que parece exigir nuevas respuestas

Òscar Martí

Òscar Martí

Periodista de la Archidiócesis de Barcelona

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 00:05

El decrecimiento necesario

 

Existen síntomas evidentes de cierto colapso en la frágil relación entre la democracia y el capitalismo, una alianza que ha imperado en Occidente desde mediados del siglo XX.

Convendrán conmigo que algo no va bien en un mundo con tantas personas heridas en su dignidad. Ciudadanos de países severamente castigados por la pobreza; familias que huyen de sus países natales en conflicto; nuestros jóvenes, con trabajos precarios que apenas les permiten pagar el alquiler del piso donde residen; padres y madres que luchan por conciliar su vida profesional y su vida personal; la creciente institucionalización de nuestros ancianos…

Existen una serie de problemas que nos obligan a dar con nuevas respuestas: el cambio climático, la escasez de recursos, la pérdida del sentido de la vida, la debilidad de la democracia liberal… Hasta ahora, la idea imperante de progreso y crecimiento infinitos se había apoyado en una economía de mercado que poco a poco ha degenerado en una sociedad de mercado.

Hay quienes apuntan que para tratar de revertir esta sensación de agotamiento de modelo se deberían cambiar las nociones de progreso y felicidad. Lo que se reivindica es la recuperación y la revalorización de todo lo que estaba fuera del mercado y que aportaba bienestar a la sociedad. Como explica el economista Serge Latouche, se trata de poner en valor los «bienes relacionales», es decir, aquellos que no entran en la lógica de esos índices que tratan de medir la riqueza de los países, como el Producto Interior Bruto.

Cada vez hay más gente que parece tomar conciencia de las vulnerabilidades del imaginario consumista. Vivir con un grado de frugalidad es necesario si queremos tener algunas experiencias más importantes que contribuyan a la calidad de vida. Una frugalidad que, por cierto, concebida como experiencia interiorizada, se convierte en un requisito para la vida espiritual. Un cierto decrecimiento puede conducirnos a una vida más plena.

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