Responsabilidad en el tráfico
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. Francisco Gil Hellín Cada época tiene sus características propias. La movilidad y la comunicación son algunas de las que califican la nuestra. Ahí están para confirmarlo Internet y los millones de turismos, camiones y autobuses que llenan nuestras vías de comunicación nacional, comarcal y provincial. Las calles de nuestras ciudades y las autovías se han convertido en una inmensa plaza pública en la que unos y otros tejemos e intercambiamos una red de relaciones; unas veces orales y, las más, con nuestro modo de comportarnos al volante.
Gracias a Dios estas relaciones van mejorando paulatinamente. Baste pensar, por ejemplo, en el importante descenso de accidentes en nuestras carreteras, en la ayuda que prestamos en los accidentes y en las medidas que tomamos cuando tenemos que conducir. De todos modos, las estadísticas arrojan todavía un importante número de muertos y heridos en accidentes de tráfico en España. Muchos de ellos se deben a las malas condiciones de las carreteras, a los fallos mecánicos y a las limitaciones inherentes a la naturaleza humana.
No obstante, gran parte de los accidentes automovilísticos se deben a ligerezas graves, cuando no a estupideces y arrogancias. En todos esos supuestos no se valora suficientemente el valor de la vida humana, propia y del prójimo. Ya lo señalaba hace cincuenta años el Vaticano II, cuando afirmaba que "algunos subestiman las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo" (La Iglesia en el mundo actual ?GS-, n. 30).
En los próximos días van a multiplicarse los vehículos en las carreteras, con motivo de las vacaciones de verano y las fiestas populares. Son días de merecido descanso y oportunidad para estar al lado de los familiares y amigos, estrechando unos vínculos que, a veces, afloja el trajín de cada día. No podemos convertir esos días en una tragedia personal y/o familiar. Por este motivo, los obispos de España hemos establecido una Jornada de Responsabilidad en el Tráfico que se celebrará el próximo domingo día 8 coincidiendo con la celebración de la fiesta de san Cristóbal. Este año hemos elegido un lema muy significativo: "La gloria de Dios esla Vidadel hombre: ¡Cuidado al volante!". Es un slogan que nos recuerda el valor dela vida. Esun don de Dios y es sagrada. Nada hay comparable con ella. En ella resplandece la gloria de Dios, en cuanto que es una participación de la vida divina. A los ojos de Dios tiene tanta importancia que desde la época de Moisés quiso salvaguardarla con un precepto especial: "No matarás", precepto que no sólo se refiere a la vida de los demás sino también ala propia. Poreso, hemos de esmerarnos en evitar cuanto pueda ponerla en riesgo.
Me gustaría felicitar hoy a todos los profesionales del volante, con motivo de vuestro patrono san Cristóbal. Os deseo que paséis un buen día de fiesta y ?a los que compartáis conmigo la fe en Jesucristo- que asistáis a la bendición de los vehículos que se hace en este día y ala SantaMisa.Meuno de corazón a la alegría de vuestra fiesta y pido al Señor que descubráis cada día más el valor del servicio que prestáis a los demás. ¿Quién llevaría los productos alimenticios a los supermercados o a los niños a una excursión sin vuestros servicios? ¿Quién transportaría lo que necesitan y producen las fábricas y almacenes sin vuestra dedicación y profesionalidad? No quiero olvidarme de las dificultades que atraviesa vuestro sector tanto por la escasez de trabajo como por la subida de los carburantes. No dejéis de pedir a Dios que os ayude y os dé su fuerza para hacer frente a estas dificultades. Y, aunque ya lo hacéis, acudid a san Cristóbal para que sea vuestro inseparable compañero en todas vuestras horas al volante.
+ Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos





