La preocupación de la Iglesia

Agencia SIC

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Mons. Braulio Rodríguez Con septiembre muchas cosas cambian; otras tienen los mismos perfiles. Eclesialmente, ya desde el inicio de este mes, nos vamos preparando para las actividades normales en casa, en la parroquia; en el horizonte diocesano, delegaciones y servicios pastorales inician su tarea y nos acercamos al día 22, Jornada de inicio del curso pastoral en el Colegio de Infantes; el día anterior, fiesta de San Mateo, asistiremos muchos a la ordenación episcopal de Monseñor José Rico Pavés, nombrado por el Papa en Julio pasado obispo auxiliar de Getafe. Por él, hasta ahora sacerdote diocesano, oramos y pedimos la fuerza del Espíritu Santo.

Nos fijamos ahora en las cosas que agosto no ha solucionado: paro, destrucción de empleo, familias necesitadas, conflictos y manifestaciones de protesta ciudadana, futuro incierto. ¿Y qué dice la Iglesia de estos problemas? La Iglesia no dice nada; la Iglesia hace. Pero, ¿a qué se refieren los medios, los agentes sociales y políticos, los columnistas e editorialistas cuando utilizan en este contexto la palabra "Iglesia"? Por lo general se refieren a la Jerarquía de la Iglesia. Y eso es una falacia, porque la Iglesia Católica es ante todo una comunidad eclesial, ciudadanos españoles que suman un tanto por cierto muy elevado de la población de nuestro país.

Esta cantidad tan grande de personas está haciendo mucho, porque son familias que ayudan a sus miembros sin trabajo; son personas con responsabilidad política y social que aportan soluciones; son voluntarios en ONG?s católicas o no, o voluntarios en Cáritas o Manos Unidas y otras organizaciones católicas preocupadas por los más pobres; son familias y personas solidarias que echan una mano a enfermos o vecinos; son propietarios de empresas que luchan por mantener los puestos de trabajo; son monjas de clausura o religiosas de vida activa que oran y se comprometen con la gente; son muchas personas que a veces no se notan, pero que constituyen un tejido social formidable. También lógicamente la Iglesia es el Obispo y ese número de sacerdotes diocesanos y religiosos que perdonan, celebran la Eucaristía, animan y aportan tantas cosas enormemente necesarias para esta sociedad.

Me parece, pues, un tanto injusto preguntar solamente qué dicen los obispos ante la situación de nuestro país. Hemos dicho mucho, siguiendo la pauta de la Doctrina Social de la Iglesia. Pero, ¿se hace mucho caso de lo que decimos? o, ¿acaso hemos de seguir el ejemplo de los que llevan a cabo acciones llamativas y estrambóticas que nada solucionan? Preferimos ayudar en cuanto está a nuestra mano, en lo que exige nuestra condición de seguidores de Jesucristo: amor preferencial por los pobres. También exigir a los poderes públicos soluciones posibles, no utópicas, y atención a los más necesitados de nuestra sociedad.

Durante todo este tiempo yo, como obispo diocesano, no he dejado de recordar a los católicos diocesanos la responsabilidad que como Iglesia tenemos en estos momentos, pero sin olvidar lo primordial: anunciar la necesidad que el ser humano tiene de Dios y de Jesucristo. Sin esta riqueza, que es Dios, de poco valdría en realidad lo que hacemos. Reitero lo que dije el día de la Virgen de Sagrario en la Catedral: "Son vanos todos los esfuerzos del hombre para salvarse a sí mismo, pero vano es también todo intento de vivir sin preocuparse de su salvación".

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

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