¿Por qué no sacerdote?

¿Por qué no sacerdote?

Agencia SIC

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El próximo jueves celebramos San José, y por ello este domingo debemos recordar la misión del seminario, de los seminaristas y, sobre todo, la necesidad de curas para la misión de la Iglesia.

Muy a menudo los fieles de parroquias se lamentan que el sacerdote asuma la responsabilidad de varias parroquias y no pueda dedicarles más atención. Cada vez que algún sacerdote muere, tiene que jubilarse o cae enfermo, el comentario de los otros padres y de los laicos es: "Señor obispo, ¿cómo se apañará?". Yo acostumbro a responder: "No como me apañaré, sino como nos apañaremos todos juntos", porque la carencia de presbíteros es un reto para toda la Iglesia y para todas las comunidades.

Además, hay que ser conscientes de la edad de la mayoría de presbíteros actuales, hecho que indica una posible agravación del problema en el futuro.

La necesidad de curas es una cuestión que nos afecta a todos, y no solo al obispo, y que todavía se hace más notoria cuando toca hacer nombramientos.

Démonos cuenta que en el último Sínodo de obispos, el de la Amazonia, se ha planteado y reflexionado sobre este problema, que ciertamente afecta aquel gran territorio, pero también muchas diócesis de Europa y por tanto, también, la de Girona.

Es cierto que algunas de las funciones que tradicionalmente asumían los curas pueden ser asumidas por laicos no ordenados, como la economía, encargarse del patrimonio, ser responsables de la catequesis y otras actividades pastorales, dirigir celebraciones dominicales en ausencia de presbítero con el encargo del obispo, ejercer los servicios litúrgicos de lectores, cantores… Pero pensamos que para la Eucaristía, del todo necesaria para la vida de los cristianos y de las comunidades, y para la celebración de otros sacramentos, es necesaria la ordenación presbiteral. Y por eso siempre se necesitan curas.

Y estos son cristianos que se sienten llamados por Dios a ejercer este gran servicio, después de los años de formación en el seminario y ser aceptados y ordenados por el obispo diocesano.

Nos podemos preguntar cómo se producen estas vocaciones, para colaborar a fomentarlas.

Conviene que los cristianos, jóvenes o no tan jóvenes, experimenten una relación personal con Jesucristo que les permita escuchar su llamada cuando se preguntan por el sentido de su vida, y decidir qué camino quieren seguir.

Hacen falta comunidades cristianas en las que los jóvenes participen, y en las que la misión del cura sea valorada.

También es necesario que alguien haga la pregunta: "Y tú, ¿por qué no sacerdote?". O que si un joven manifiesta alguna inquietud pueda ser ayudado a discernir su misión.

Haría falta que la valoración positiva de la vida del cura, que a menudo solo se hace cuando es trasladado o muere, sea una constante entre los cristianos.

Hace falta un trabajo paciente de acompañamiento a los jóvenes para ayudarles a preguntarse a qué quieren dedicar su vida, y a descubrir el plan de Dios para ellos mismos y su realización.

Es necesario el testimonio de los propios curas para mostrar que su vida tiene todo el sentido, que son felices, y que con la ayuda de Dios se puede adquirir un compromiso para toda la vida.

Hace falta también que las familias colaboren facilitando la decisión y no poniéndole obstáculos.

Ciertamente que hacen falta renuncias, como en toda opción de vida, pero no podemos olvidar el ofrecimiento de Jesús: "Todo el mundo que por mi nombre haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá ciento veces más y poseerá la vida eterna" (Mt 19,28).

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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