¡Para vivir una Navidad con Jesús!

¡Para vivir una Navidad con Jesús!

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

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Permitidme que os ofrezca un pesebre virtual.

En una visita a una parroquia, un niño me comentó que iba a hacer su pesebre. Yo le pregunté que qué figuras iba a poner. Su respuesta: "El caganer, los pastores, el cazador, las ovejas, los reyes…". Yo le digo: "También tienes que poner a Jesús, en el establo, con José y María".

"Sí, ya…", me respondió, como si dijera: "Sí, qué se le va a hacer…".

Me había pasado otras veces una cosa así hablando con los niños de catequesis, que acostumbran a ser sinceros. Recuerdo que uno me explicaba: "Mi padre me ha dicho que el pesebre está pasado de moda, y que ahora pondremos el árbol".

La tentación siempre será vaciar de Jesús la Navidad y convertirla en una fiesta puramente familiar, de recuerdos entrañables para algunos y de días de sufrimiento para otros.

Por eso yo me he hecho esta pregunta y os invito a que os la hagáis cada uno de vosotros: ¿qué pongo en mi pesebre de este año para que sea un pesebre y no un simple paisaje?

Jesús en el centro. Sin Jesús no hay pesebre, y ni siquiera el mundo no sería este pesebre que ha acogido a Jesús.

También tenemos que pensar en María, madre de Jesús y nuestra, para que ella nos enseñe a acogerlo como es debido. Para que nos ayude a responder también con un "sí" a aquello que Dios nos propone en este momento de nuestra vida.

No nos olvidemos de José, el hombre que busca la voluntad de Dios y se mantiene fiel a la misión que se le encomienda, para que nos ayude a ser fieles a nuestros compromisos.

Pero hoy los ángeles mensajeros, los pastores, los reyes… y, si hace falta, el buey y la mula, somos nosotros. Sí, cada uno de nosotros, porque también hoy hacen falta mensajeros que anuncien por todas partes con alegría que tenemos un Salvador, que es Jesús.

Hacen falta pastores que habiendo escuchado el anuncio se acerquen a Jesús, lo reconozcan, lo adoren, le ofrezcan el regalo de su vida, y después hablen de Él con convencimiento.

También hacen falta los reyes, para que aquellos que no pertenecen aun al pueblo de Dios, al ver señales tan significativas como la de aquellos soberanos, se pongan en camino hasta encontrar a Jesús.

En el pesebre estamos todos, estáis todos, y por eso ponemos en él casas, campesinos, pastores, gente de otros oficios… Busquemos en él un lugar para cada uno de nosotros, con nuestra familia, y con aquellas personas a quienes amamos.

En el pesebre también se refleja la vida. Vivimos esta Navidad rodeados por algunos retos e interrogantes que pueden acentuar el pesimismo y la desazón. Hace dos mil años de la primera Navidad, pero las Navidades presentes son, en lo fundamental, muy parecidas a la primera: en expectativas, en problemas, en sufrimientos, en los deseos más profundos, en la necesidad de sentirnos queridos…

Aun así, cada Navidad volvemos a escuchar, a vivir y a celebrar que ha nacido el Salvador, Jesús, que asume la fragilidad humana y trae la verdadera Paz.

Y hay que celebrarlo actualizando la Navidad con las celebraciones de la Eucaristía, con la plegaria y con el afecto para con los demás.

¡Así podremos vivir una feliz Navidad!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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