Para que se escuche la llamada de Aquel que todo lo da

Para que se escuche la llamada de Aquel que todo lo da
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Mons. Joan Vives Aunque celebremos la Jornada de oración por las vocaciones durante la Pascua, en el domingo IV del Buen Pastor, conviene que esta intención de oración se mantenga viva entre los cristianos. Que oremos sin desfallecer y con perseverancia, para que Dios suscite vocaciones sacerdotales, sobre todo, pero también religiosas, misioneras, al matrimonio fiel y para siempre, al compromiso laical en medio del mundo… Que abramos los oídos a la llamada de Dios y tengamos el coraje necesario para no cerrarnos y dar nuestro sí generoso. Jesucristo nos lo mandó: "La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Lc 10,2). Cada uno de nosotros, y cada parroquia o comunidad, debe hacer suya la oración por las vocaciones. ¿Por qué no tener esta intención cada jueves, visitar el Santísimo allí donde podamos, o hacer una pausa de silencio y oración, para obedecer la voluntad de Cristo que nos urge, "rogad"?
Todo es don de Dios en la Iglesia, y también las vocaciones. Y por eso debemos orar humildemente y con perseverancia. Él va construyendo la Iglesia armoniosamente, por obra del Espíritu Santo, y nosotros debemos unirnos a Cristo, la Vid verdadera, y dejarse "podar" por el Padre, que es el Viñador, para que la obra refleje aún mejor la gloria del Padre (cf. Jn 15,1ss). Nuestra vocación más fundamental es "cumplir los mandamientos y dar gloria a Dios", procurar la gloria y la alabanza, que Él -y sólo Él- merece.
El Misterio pascual de Cristo nos hace captar el valor del seguimiento radical y total del Señor, dejarlo todo por Él, con renuncia de uno mismo. De los apóstoles aprendemos continuamente a ser discípulos desprendidos, ardientes y humildes, predicadores de la Palabra de Vida y referentes para vivir el mandamiento nuevo del amor. Ser apóstol es ser testigo valiente de todo lo que Jesús ha hecho y ha dicho. Todo cristiano es un enviado como "testigo de la Resurrección de Jesús, el Señor". Todo nuestro ser debe quedar en penumbra para que resalte mejor la gloria de Cristo, sus palabras de consuelo y de bondad, su autoridad que todo lo cambia y todo lo lleva hacia el Padre. Dejémonos modelar por el Espíritu, para que Él lo sea "todo en todos". Vale la pena creer, no tener miedo e ir por todas partes con su fuerza y su alegría, "que nadie nos quitará".
En la oración podemos acordarnos especialmente de los que esperamos que Dios nos enviará como nuevas vocaciones, futuros nuevos ministros del Evangelio y de la Eucaristía. Cristo tiene otras ovejas, que aún no lo conocen, que aún no le han dado su sí definitivo… Encomendémoslos, para que confíen en el Señor y no le nieguen nada, ya que éste es el auténtico camino de la felicidad; no hacer la nuestra, sino "hacer lo que Él nos diga" (cf. Jn 2,5), como nos enseña nuestra Madre celestial. Porque "Cristo no nos quita nada, sino que nos lo da todo" (Benedicto XVI).
Valoremos nuestro bautismo que nos hizo hijos de Dios y profundicemos en la vivencia de la fe recibida, que nos hace ver que todos somos discípulos llamados, elegidos, por Él. Cada día debemos ser fieles a un tiempo de silencio y de oración. Dispongámonos a crecer en la comunión y en la fraternidad de los apóstoles, vivamos el constante anhelo por la santidad de vida y la configuración con Cristo. ¡Que nos sea dada la gracia de convertirnos en buenos testigos del Señor y de su Amor, y que Él mismo lleve a cabo la obra buena que ya ha comenzado en nosotros!
+Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo de Urgell





