Nuevo plan pastoral de la Iglesia de Zaragoza

Agencia SIC

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La Voz del Prelado

Domingo 2 de septiembre de 2012

Mons. Manuel Ureña

Nuestra Iglesia particular de Zaragoza estrena en el curso entrante un plan de pastoral.

¿En qué consiste un plan de pastoral? ¿Qué contenido ofrece el nuestro, el que ahora inauguramos? A estos dos interrogantes quisiera responder en este prólogo, por así decir, de nuestro Plan diocesano de Pastoral.

Como tan bien dijo el Papa Juan-Pablo II en la Carta apostólica de 6 de enero de 2001, Novo millennio ineunte (=NMI), un plan de pastoral no consiste en inventar un nuevo programa de evangelización, pues este programa ya existe, es uno y único, y es inmutable. Dicho con palabras del Papa Beato, el programa de evangelización "es el de siempre, el recogido por el Evangelio y por la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas" (NMI 29).

Pero entonces, si el programa de la evangelización nos ha sido dado y si éste es uno e incambiable, ¿para qué un plan de pastoral?

Aunque el programa evangelizador tenga un contenido fijado a priori por la misma Revelación y, por tanto, no sea susceptible de cambio, tal programa tiene muy en cuenta el tiempo y la cultura en donde ha de aplicarse. Por eso, el mismo programa se ve obligado a formular ? dice Juan Pablo II ? "orientaciones pastorales adecuadas a las condiciones de cada comunidad" (NMI 29). Es, pues, necesario que "el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial, como siempre se ha hecho. Y es, justo, en las Iglesias locales en donde pueden establecerse aquellas indicaciones programáticas concretas ? objetivos y métodos de trabajo, de formación y de valoración de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios ? que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura" (NMI 29).

En resumen, puesto que el programa evangelizador, aun siendo único y de contenido inalterable, debe tener en cuenta la circunstancia espacio-temporal en la que aquél se despliega y realiza, se impone como necesario el plan de pastoral. Y no precisamente para sustituir a la pastoral ordinaria, en la que se expresa y plasma el programa evangelizador, sino para hacer que la pastoral ordinaria llegue mejor y más puntualmente a sus destinatarios.

En lo que se refiere a nuestra Iglesia particular de Zaragoza, los planes pastorales de estos últimos seis años han estado marcados, habida cuenta de nuestra situación concreta, por dos ejes vertebradores: la comunión y la misión.

Pues bien, en esta misma línea vamos a seguir el trienio que ahora empieza, el trienio 2012-2015.

Nuestro plan de pastoral nos ofrece unas prioridades, unos objetivos y unas propuestas operativas.

Nuestras prioridades pastorales son obviamente las señaladas por el Papa Beato Juan-Pablo II para todo plan de pastoral, a saber: la prosecución de la santidad o triunfo del amor y de la verdad de Cristo (cf NMI 30-31) en la Iglesia de Zaragoza y en todos sus miembros; el cuidado esmerado de la oración (cf NMI 32-34); el velar por la participación en la Eucaristía dominical (cf NMI 35-36); la llamada constante al sacramento de la Reconciliación (cf NMI 37); la reivindicación de la primacía de la gracia (cf NMI 38); la puesta en primer plano de la escucha de la Palabra de Dios (cf NMI 39); y el poner bien de manifiesto la exigencia para toda vida cristiana, como elemento interno de la santidad, del anuncio de la Palabra divina (cf NMI 40-41).

En nuestro plan de pastoral, estas siete prioridades se resumen en dos: en animar a las diversas comunidades cristianas a la participación, a la acogida, a la práctica de la fraternidad y al crecimiento en la fe; y en practicar escrupulosamente la coherencia entre la fe y la vida como testimonio evangelizador para el hombre de hoy.

En lo que se refiere a los objetivos, son éstos los siguientes: fortalecer la experiencia personal de Dios a través de la experiencia de la fe de la Iglesia; crecer en el compromiso y en la corresponsabilidad de los laicos en la pastoral de la Iglesia; dar testimonio de pobreza evangélica y desarrollar el compromiso con las personas y con los colectivos que más están sufriendo la crisis; y evangelizar mediante el testimonio y el anuncio explícito de Jesucristo.

Que la vivencia del Año de la Fe, convocado por el Santo Padre el Papa Benedicto XVI, nos ayude a realizar las propuestas operativas de nuestro plan de pastoral.

? Manuel Ureña, Arzobispo de Zaragoza

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