Mes de junio, mes del amor

Mes de junio, mes del amor

Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar Queridos diocesanos:

Dos son las Solemnidades (el Sagrado Corazón de Jesús y el Corpus Christi) que celebramos en el mes de junio y que nos hablan de una misma realidad: el amor de Dios al hombre.

Celebramos, en primer lugar, el amor de Dios manifestado en el Corazón de Cristo. Junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús, un Corazón traspasado por nuestros pecados pero henchido de amor al Padre y a la humanidad. En efecto, la Solemnidad del Corazón de Jesús expresa el amor del Hijo al Padre, a los planes que el Padre tiene sobre Él y para Él, y que serán la razón de todo su vivir en este mundo. Cristo ha sido enviado y ha venido al mundo para cumplir la voluntad del Padre (cfr. Jn 6, 38) El Padre -para Cristo- lo es todo. El Padre y Él se identifican –"Yo y el Padre somos uno" (Jn 10,30)-; por eso, cuando Dios Padre prepara el plan de salvación para los hombres, y en él entra como protagonista central el Señor, Éste no hace sino pronunciar su incondicional, total y continuo sí al plan redentor: "Padre, si quieres, aparta de Mí este cáliz pero no se haga mi voluntad sino la tuya"(Lc 22, 44)

El Corazón de Jesús expresa también el amor que Cristo tiene a los hombres. Sí, Él ha sido enviado por el Padre al mundo para ofrecer a los hombres la salvación: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1 Jn 4, 9). Él ha venido al mundo para entregar su vida por amor a los hombres; el plan divino lo cumplirá hasta el final, hasta el extremo de entregar su vida por nosotros; por eso, podrá decir: "nadie tiene mayor amor que quién da la vida por su amigos; vosotros sois mis amigos" (Jn 15, 13)

El amor de Cristo a los hombres es un amor de entrega, de servicio, de perdón, de predilección, especialmente hacia los pobres, los enfermos y necesitados. Cristo ama a los pecadores; manifiesta un profundo amor de amistad hacia los discípulos; es capaz de predicar -¡y de realizar!- el amor a los enemigos. De este modo, se convierte para nosotros en un modelo de amor a todos y nos marca el camino que hemos de seguir para ser sus discípulos, entregando nuestra vida al amor a Dios y a los hermanos.

Además, en este mismo mes de junio, hemos celebrado la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi. También el Corpus nos habla de una entrega por amor: el Señor nos ?regala? el inefable Misterio de su Cuerpo y su Sangre entregados para nuestra salvación y para el perdón de todos nuestros pecados. Cristo quiso quedarse con nosotros en la Eucaristía como Alimento para nuestra fe, como presencia permanente en nuestras vidas, cumpliendo así su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo: "he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20)

La entrega oblativa de Cristo por nosotros y por nuestra salvación nos debe comprometer a entregarnos ?a? y ?por? los demás, especialmente por aquellos que son sus predilectos: los pobres, los enfermos, los desahuciados de la sociedad; aquí demostraremos de veras que somos discípulos suyos: "os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros" (Jn 13, 34-35).

El Corazón de Jesús y el Corpus Christi son, como queda dicho, dos Solemnidades que nos hablan de una misma realidad: el amor, el amor que Cristo tiene al Padre y el amor que nos tiene a nosotros. Él es el auténtico modelo que hemos de imitar y encarnar en nuestra vida si queremos, de verdad, ser discípulos y seguidores suyos; siguiendo el ejemplo de Jesús, debemos olvidarnos de nosotros mismos para centrarnos en la entrega amorosa a lo que el Padre nos pida y a lo que el amor a los demás nos exija.

Vivamos el amor de Cristo; vivamos desde el amor a Dios y a los hermanos, especialmente a los más necesitados. De este modo estaremos dando respuesta al amor incondicional que Él nos tiene y mostraremos que somos sus discípulos.

¡Que Dios os bendiga a todos!

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

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