1 de Mayo. Día del trabajo
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Mons. Salvador Giménez El día del trabajo ha coincidido este año en domingo. El uno de mayo tiene unas fuertes connotaciones laborales con muchas referencias en los medios escritos y audiovisuales que nos permiten una vez más reflexionar sobre el trabajo, su disminución en nuestra sociedad y la ausencia de regulación en muchos países de nuestro mundo. Es un tema que no puede dejarnos a nadie indiferente aunque somos conscientes de los cambios de óptica que, a lo largo de los años, tiene su tratamiento. Ha habido momentos de reivindicaciones y de pactos, de manifestaciones y de mítines, de claros enfrentamientos y de consensos. Se ha escrito mucho sobre este día y, por supuesto, sobre el trabajo y las relaciones de obreros y empresarios, sobre salarios y beneficios. Abundan serios estudios sobre todo ello que lo explican a la perfección. Opiniones de sindicalistas y organizaciones empresariales, de periodistas y políticos nos han ayudado a una reflexión constante y han interpelado nuestra conciencia y nuestra posición.
Sería una osadía por mi parte pretender en unas líneas dar una explicación a un fenómeno tan complejo. Sólo deseo recordar a todos la opinión de un pastor de la Iglesia señalando algún aspecto que le parece esencial en este ámbito y que puede servir a los cristianos para aumentar su preocupación por los trabajadores en precario, por los parados y por todos aquellos que se esfuerzan en generar trabajo y condiciones dignas para su desarrollo.
A pesar de opiniones que afirman lo contrario, la Iglesia ha elaborado muchos documentos que iluminan con gran claridad el mundo del trabajo. A lo largo de los años los diferentes papas y muchos obispos han hablado con acierto sobre este tema, desde la revolución industrial del siglo XIX hasta los avances tecnológicos de la actualidad. También han hablado y actuado muchas organizaciones católicas y cristianos, a título individual, involucrados en sindicatos y patronales que encarnan los principios del evangelio. Agradezco la tarea de los secretariados de pastoral obrera de nuestras diócesis de Cataluña para sensibilizar a las comunidades de su preocupación por la búsqueda de un "trabajo decente"..
En el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia podéis encontrar argumentos que reafirman vuestra vida y vuestra fe. En estos últimos días ha llegado a mis manos un libro-cuaderno de la Comisión Permanente de la HOAC, titulado La dignidad de la persona y el bien común en el que se resumen algunos elementos clave a tener en cuenta: la persona es el centro de todo; a nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana (León XIII); derechos y deberes de trabajadores y empresarios; voluntad inequívoca de trabajar unidos para el bien común; los parados, los migrantes, los abandonados y excluidos del sistema productivo; el clamor por la justicia y la denuncia de las injusticias?
La defensa de las legítimas aspiraciones debe ser promovida desde la solidaridad, el diálogo, el encuentro, el tender puentes y los acuerdos. Nunca promoviendo el enfrentamiento, el odio o la disputa permanente; siempre buscando y creando fraternidad. Puede parecer buenismo o excesiva ingenuidad en el planteamiento pero es lo que el papa Francisco está continuamente pidiendo en las relaciones entre las personas y los grupos humanos. También en las laborales. Aunque se expresa con mucha dureza (EG 53) cuando afirma que la economía neoliberal, sólo sujeta a motivos de beneficios materiales, "mata".
+Salvador Giménez,
Obispo de Lleida





