Los derechos humanos

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Agencia SIC

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Mons. Carlos Escribano Después de unos meses de trabajo en nuestra querida diócesis, voy observando que la preocupación por las vocaciones, y en particular por las vocaciones sacerdotales, es una constante en muchos de vosotros y, especialmente, entre los sacerdotes.

n una diócesis como la de Calahorra y La Calzada ? Logroño que ha sido rica a lo largo de la historia en vocaciones sacerdotales y religiosas, nos desconcierta y desanima el hecho de que nuestros jóvenes no den el paso de responder al Señor con un sí rotundo y decidan entregar su vida en favor de los demás.

Sin embargo, la constatación de esta realidad no debe llevarnos a un desencanto paralizante, al contrario, puede ser una oportunidad que el Espíritu nos brinda para que entremos en la dinámica de la conversión pastoral a la que nos exhorta el Papa Francisco (Cfr. EvG 25) y a la que nos sentimos singularmente llamados en nuestra diócesis.

Me consta, y agradezco sinceramente, el trabajo ilusionado y constante que se está realizando ya desde nuestra Delegación de diocesana de Pastoral Vocacional. Pero esta tarea es cosa de todos los que formamos parte de la Iglesia diocesana. Las vocaciones sacerdotales del futuro serán el fruto de una confianza eclesial que se apoya en la promesa de Dios, como su fundamento. Nuestra Iglesia confía en las mediaciones en las que el Señor actúa y que deben ir surgiendo como respuesta a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades. Mediaciones que exigen mucho trabajo en las parroquias, mucha implicación en los párrocos, en las familias, en los catequistas, profesores de religión y en las comunidades cristianas, y una esperanzada y confiada creatividad en nuestras acciones y en nuestro acompañamiento a los jóvenes.

La plegaria por las vocaciones sacerdotales, que nunca debe faltar, es una manera inequívoca de expresar que no somos nosotros, sino Dios, la fuente de las vocaciones. Pero la iniciativa de Dios no excluye, sino que postula, la intervención de toda la comunidad eclesial. Ella es la mediación fundamental de Dios para toda vocación presbiteral. Por ello el deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana y no puede, por tanto, concebirse exclusivamente como una actividad específica de algunos organismos o presbíteros "encargados". Del mismo modo la pastoral vocacional no es separable de la pastoral general de la Iglesia, sino una dimensión ineludible y central de toda actividad pastoral.

Se lo pedimos a Santa María, la Virgen de Valvanera, morada santa del Verbo, para que ayude a nuestros jóvenes a descubrir el amor de Dios y a perseverar en la escucha de su Palabra, a ser dóciles a la voz del Espíritu, y a estar atentos a su llamada y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Calahorra y La Calzada – Logroño

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