Llamados a ser testigos del Señor

Llamados a ser testigos del Señor

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

4 min lectura

Mons. Gerardo Melgar Queridos diocesanos:

Durante todo este Año de la fe y durante todos los tres años que durará nuestra Misión diocesana hemos escuchado y seguiremos haciéndolo una realidad fundamental en el presente momento de la evangelización de nuestro mundo: la necesidad y la urgencia del testimonio cristiano. Benedicto XVI, en su Motu proprio Porta fidei para proclamar el Año de la fe insiste repetidas veces en este mensaje: "Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, confianza y esperanza? Al mismo tiempo esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble" (n. 9); "Confesar con la boca indica, a la vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público" (n. 10); "El Año de la fe será una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad; la fe sin la caridad no da fruto, la caridad sin la fe sería un sentimiento constante a merced de La duda? La renovación de la Iglesia pasa por el testimonio de la vida de los creyentes" (n. 6)

Con todas ideas, Benedicto XVI explicaba claramente la importancia de la realidad del testimonio cristiano. La fe es un don de Dios pero un don que se nos ha dado, no para que lo guardemos sino para que lo comuniquemos a los demás y ellos también puedan vivir con nosotros la alegría de la fe. El discípulo de Jesús, con su testimonio de vida, no hace sino el seguir los pasos del Maestro que fue el Testigo supremo (cfr. Jn18, 37) y participar en su mismo testimonio. Como el Padre envió al Hijo, así todos y cada uno de nosotros somos enviados por el Hijo a ser sus testigos, a testimoniar con palabras y obras el amor de Dios (cfr. Jn 20, 19-23).

Los cristianos hemos recibido de Cristo el mandato de seguir dando fielmente testimonio de Él en solidaridad con los otros: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 18-20) El testimonio cristiano sigue siendo sumamente importante hoy porque el mundo sigue sin conocer ni amar al Señor, sigue sin encontrarse con Él para poder seguirle. Hoy sigue habiendo entre nosotros muchas personas que siguen sin conocer a Cristo porque nadie les ha hablado de Él ni se han encontrado con nadie que, con el testimonio de su vida, les impactara e interpelara; conocemos a otros que, teniendo noticia de Él, son totalmente indiferentes a todo cuanto les hable de su Persona y su Mensaje; también sabemos de otros muchos que creyeron porque fueron educados en una familia cristiana pero a quienes el ambiente laicista ha desgarrado su fe; finalmente, conocemos a otros que se sienten decepcionados de lo que ven en la vida de los que nos decimos seguidores de Cristo y piensan que no merece la pena vivir la vida de fe como lo hacemos nosotros.

Estas situaciones nos están reclamando una verdadera autenticidad en la vivencia de nuestra fe, una vivencia de la fe sin rebajas a gusto del consumidor, una vida de fe en la que no todo vale ni que puede ser vivida a medias. Nuestra vida como verdaderos seguidores del Señor debe llevarnos a una continua conversión que nos ayude a vivir la fe en toda su riqueza y exigencia en la vida de cada día, en las circunstancias cotidianas en las que desarrollamos nuestra existencia: en la familia, en el trabajo y en la relación humana. Solo así estaremos siendo verdaderos testigos del Señor y su mensaje para los demás en este momento actual en que nos ha tocado vivir.

Todos somos responsables, en alguna medida, de la vivencia de la fe, el anuncio del Evangelio y, en definitiva, de la salvación de los demás; de ahí la importancia de nuestro testimonio como llamada a los demás a vivir la fe desde la radicalidad y autenticidad de Cristo. Ya Pablo VI en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi afirmó: "El hombre actual cree más a los testigos que a los profetas y si cree a los profetas es por lo que tienen de testigos" (n. 4). Años más tarde, el beato Juan pablo II repetía la misma idea con palabras más concretas y contundentes al recordar que el único evangelio que muchos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo van a leer es el del testimonio de los cristianos. Del mismo modo,Benedicto XVI y el actual Papa Francisco han repetido la centralidad de esta verdad.

Éste es el camino que el Señor nos pide que hagamos nuestro: ser discípulos suyos llevando una vida según el estilo que Él vivió y ser testigos/misioneros de nuestra fe para los demás. Respondamos con generosidad a su llamada.

Vuestro obispo

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Tracking