Las "tres Marías"

Las "tres Marías"

Agencia SIC

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Mons. Alfonso Milián ¡Cristo ha resucitado! Cristo ha pasado de la muerte a la vida; resucitemos con Él. Que nuestro corazón se llene de alegría y de gratitud. El que murió ajusticiado en la cruz y fue sepultado, resucitó al tercer día, y nos hacer participar de su resurrección.

También nosotros resucitaremos y gozaremos por siempre con él; la muerte ya no es el final, sino el paso, el nacimiento a una vida eterna.

Nuestro corazón rebosa de alegría y se llena de esperanza. La resurrección de Cristo es nuestra fuerza, abre nuestra vida y la vida del mundo al futuro eterno de Dios, a la felicidad plena, a la certeza de que el mal, el pecado, la muerte, pueden ser vencidos. La resurrección nos impulsa a vivir con más confianza las situaciones de cada día, a afrontarlas con valentía y con tesón.

Fueron tres mujeres ?María la Magdalena, María la de Santiago, y la Salomé? las que de madrugada se acercaron al sepulcro para ungir con aromas el cuerpo de Jesús.

Iban a realizar un gesto de compasión y afecto, un gesto de piedad hacia alguien querido que había muerto. Habían seguido a Jesús, lo habían escuchado, se habían sentido comprendidas en su dignidad y estuvieron con él hasta el final: hasta el Calvario y la sepultura. El amor les hizo superar el frío de la madrugada y la dificultad de remover la piedra del sepulcro.

Encontraron la tumba vacía y dos hombres con vestidos refulgentes les dijeron:

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado". Fueron las primeras que escucharon el anuncio de que Jesús había resucitado. Y corrieron a decirlo a los discípulos, todavía encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos. Y, aunque según las leyes de los judíos, el testimonio de las mujeres y de los niños no era aceptado en un juicio, fue precisamente a ellas a las que se les encomendó el encargo de difundir en primer lugar el acontecimiento más grande de la historia.

Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo no elige siguiendo las pautas de los hombres: los primeros que reconocieron a su Hijo encarnado en nuestra carne fueron unos pastores, los primeros testigos de la resurrección, estas mujeres. ¡Qué misión más importante os encomienda el Señor a las mujeres, a las madres, a las abuelas! Dar testimonio a vuestros hijos y nietos de que Jesús vive y es nuestro salvador.

Nos dice el papa Francisco que las mujeres tenéis en la Iglesia y en el camino de la fe un papel especial a la hora de abrir las puertas al Señor, de seguirlo y de dar a conocer su rostro, porque la mirada de la fe necesita de la sensibilidad y profundidad del amor.

Aquellas mujeres, conmovidas por la resurrección de Jesús se dieron prisa en darlo a conocer; no guardaron la sorpresa para sí, sino que difundieron lo que les había sucedido. No pudieron contener tanta alegría. Nosotros, los cristianos, hemos de dejarnos contagiar por su alegría y tener valor para anunciarla y compartirla.

Que Jesús resucitado llene vuestro corazón de alegría. ¡Feliz Pascua de resurrección!

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas

Obispo de Barbastro-Monzón

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