Impresiones de la Visita Ad Limina

Impresiones de la Visita Ad Limina
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Mons. Jesús García Burillo Queridos amigos y hermanos de la diócesis de Ávila:
Os decía en mis cartas anteriores que la visita ad limina apostolorum consistía en el encuentro que todos los obispos del mundo tenemos con el obispo de Roma, y que podía traducirse como "ponerse en camino hacia la casa del Sucesor de Pedro en Roma".
En esa visita se unían dos responsabilidades: la de cada obispo, que expresa su comunión con el Papa Francisco, y la del Papa, que fortalece la fe a los obispos, les ilumina el camino, les corrige. Es el encargo expreso que Jesús dio a Pedro, primero de los papas: "Y tú confirma a tus hermanos" (Lc 22, 32).
Nuestra responsabilidad, la de los obispos, la expresábamos ofreciendo al Santo Padre nuestras manos abiertas y nuestro interior franco al diálogo con nuestro Pastor universal. El Papa ejercía su responsabilidad iluminando nuestro camino en cada diócesis y fortaleciendo nuestra fe y nuestro ministerio apostólico.
Es la impresión más fuerte que yo tuve y tengo en estos momentos, y es la impresión que percibí en mis hermanos obispos. El Papa había fortalecido nuestra fe en el Señor y en su Iglesia y había fortalecido nuestra disposición de amor y servicio al pueblo de Dios, que en cada una de nuestras iglesias particulares nos ha encomendado.
La visita ad limina apostolorum no consiste, por tanto, primero ni principalmente, en una emoción que nace del encuentro con el padre. Es, ante todo, la gracia recibida del Señor al haber fortalecido nuestra comunión con Cristo en la Iglesia en aquella persona que representa en primer lugar la Cabeza del Cuerpo, que es Jesucristo. Este es el acontecimiento esencialmente vivido en los días pasados: una experiencia de fe.
Por otra parte, el Papa Francisco, buen Pastor, ilumina los senderos de nuestro servicio a las Iglesias particulares. Desde su sabiduría y su experiencia (desde la gracia que a él le ha sido concedida de manera especial) nos ayuda a entender mejor como hemos de servir al pueblo de Dios, a los sacerdotes, a los religiosos, a los laicos, a las familias de modo particular, a los jóvenes, a las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y al matrimonio. Todos estos servicios el Papa los enriquece con su sabiduría y su gracia de estado.
Esta iluminación personal del Papa va acompañada también por la de sus colaboradores, que son los cardenales prefectos de los diversos organismos de la curia. Ellos nos informan y orientan sobre el ministerio de los obispos, de los sacerdotes, sobre el mundo de la cultura, cómo llevar a cabo hoy la nueva evangelización, cómo ayudar mejor a las personas e institutos de vida consagrada, cuál es la función de la educación
católica, cómo realizar mejor los diversos aspectos del culto divino, etc.
Al final de la visita, el Papa nos entrega un mensaje que viene a ser la síntesis de todo cuanto hemos vivido en estos día y de todo aquello que nos quiere decir a los obispos y, por medio de ellos, a nuestras Iglesias. El Papa se hace cargo, naturalmente, de los difíciles momentos que estamos viviendo. Quizás, este mensaje ya lo conozcáis, porque se hizo público inmediatamente después de ser entregado. Como esta carta es necesariamente limitada, sólo quiero deciros que el Papa hace referencia en ella a la secularización, al acompañamiento, a la misión, a las familias y a las vocaciones, y finalmente a la caridad, al amor entre nosotros. Estos deberán ser objetivos pastorales a realizar en nuestras diócesis.
Por último os aseguro, por mi parte, que esta visita no la he hecho yo sólo, sino que toda la Diócesis de Ávila estaba conmigo, en mi alma y en mi oración, mientras se sucedían los diferentes encuentros de la visita y del encuentro con el Papa.
Para todos, mi bendición,
+ Jesús García Burillo
Obispo de Ávila





