Discernimiento político (IV): el ideal

Discernimiento político (IV): el ideal
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Mons. Agustí Cortés ¿Grandes ideales en la política?
ace un tiempo aludí en estas páginas a una anécdota que narró el cardenal Paul Poupard al inicio de una conferencia sobre el compromiso político del cristiano. Contó una conversación con un político amigo suyo. En un momento dado, el cardenal lamentó la sensación de "decepción" que sentían muchos ciudadanos frente a los políticos y, en consecuencia, la poca estima que se tenía hacia la tarea política. Su interlocutor, intuía que una de las causas de este hecho podía ser el fuerte contraste entre, por ejemplo, los discursos de una campaña electoral cargada de promesas y los hechos, las decisiones concretas, que realizan esos mismos políticos una vez conseguido el poder. El político, entonces, respondió: "Ya sabe usted que la política es el arte de lo posible". Entonces el cardenal improvisó una aguda respuesta: "En efecto, querido amigo, creía que la política, más bien, es el arte de hacer posible el ideal".
ntre las diversas preguntas que hemos de formularnos a la hora de discernir una política u otra hay dos fundamentales: una, si las propuestas políticas concretas responden a grandes ideales o son puro ejercicio del poder de carácter pragmático; otra, si en el caso de que se invoquen grandes ideales, cuáles son, si son verdaderos, realmente humanos y bien fundados.
Ya hemos dicho que no estamos de acuerdo con lo que llamamos "pragmatismo político", en el sentido de una política realizada al margen de todo ideal realmente humanista. Ante tal política uno puede pensar que el político carece de ese ideal, o que no quiere aplicarlo. En cualquier caso, no podemos aceptar que el político sea un mero gestor de "lo posible", entendido como "lo útil". Siempre nos preguntaremos, ¿lo útil para qué, para quién? Pues no faltarán los motivos; la cuestión seguirá siendo cuáles son esos motivos?
Quisiéramos que toda propuesta política respondiera a un ideal de sociedad, de mundo, de vida humana. El ideal ha de ser el motivo último que justifique toda política. El ciudadano de a pie ha de conocerlo y decidir si está de acuerdo con él. En general esto se consigue escuchando los discursos de las campañas electorales o atendiendo las declaraciones de los políticos cuando tratan de defender o justificar sus decisiones. Todos usan "grandes palabras", que expresan valores, como justicia, derechos humanos, libertad, igualdad, solidaridad, progreso, etc. Son expresión de valores o ideales "universales" que se proponen conseguir. Pero nos hemos de fijar en tres aspectos muy importantes:
– Primero en cómo "organizan" esos valores, qué prioridad dan a uno sobre otro. En ello consisten la mayor parte de las diferencias entre una y otra propuesta política.
– Segundo, en qué basan esos ideales, si son valores que están bien fundados en razones válidas y coherentes.
– Tercero, en cómo entienden la realidad social, histórica y presente, cómo la interpretan. Sus propios proyectos se justifican según la visión que tienen de esa realidad; una visión que fácilmente puede ser falseada o cierta.
No estamos exigiendo que todos seamos historiadores o filósofos. Pero sí mínimamente inteligentes y maduros para pensar y no dejarnos llevar por impresiones de puro "marketing político".
Desde el Evangelio defendemos la fe iluminada. La fe nos sirve los grandes ideales humanos (la persona de Jesucristo) y la inteligencia nos permite ser adultos responsables. Así nos quiere el Señor.
? Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat





