El debate social sobre la eutanasia y el suicidio asistido

El debate social sobre la eutanasia y el suicidio asistido
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Queridos diocesanos:
Comienzo con este número de Con Vosotros la exposición del documento de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española aprobado en el último pleno de noviembre de 2019.
Este es un argumento basado en el dolor del enfermo, pero la solución al dolor del enfermo no está en la eutanasia, sino en el acompañamiento de la familia y en la obligación que tienen los médicos y personal sanitario de aliviar el sufrimiento y quitar el dolor. Esto realmente es lo que ayuda al enfermo a resituarse ante la aparición de la enfermedad, especialmente si es grave.
Se justifica la eutanasia para que el enfermo no sufra, se dice. Y se añade que eso contribuye al bien de la sociedad porque así no se dilapidan unos recursos sanitarios limitados de la comunidad, que pueden ser dedicados a otros fines.
Se dice igualmente que algunos enfermos, cuando llegan estas situaciones, se consideran una carga para los demás y no quieren seguir viviendo.
Se trata de la eutanasia por compasión. Para que no sufra, que deje de vivir. Esto en realidad es una contradicción: lo más humano no es provocar la muerte, sino acoger al enfermo, sostenerlo en esos momentos de dificultad, rodearlo de afecto y poner los medios necesarios para aliviar el sufrimiento y suprimir el dolor, no al paciente.
Un tercer argumento de los "proeutanasia" es el concepto "muerte digna", y lo que se está diciendo con esta expresión es que yo soy dueño de mi vida y muero cuando quiera. Aquí están implicados dos conceptos: el de la libertad y el de la vida y el modo de concebirla cuando aparece la enfermedad y el dolor.
Desde esta perspectiva, la vida humana no vale por sí misma; para ellos la calidad de la vida vale más que la vida misma.
Para quienes tienen una concepción de la autonomía personal como absoluta de cara a la libertad, la eutanasia sería un derecho de la autonomía personal llevado al extremo: "Yo soy dueño de mi vida y me moriré cuando y como yo lo determine".
Ciertamente el hombre goza de una libertad, pero su autonomía no es absoluta. En el ámbito de la medicina la autonomía tampoco es total. El enfermo, y más si encuentra en una situación terminal, no es autónomo. La enfermedad, las medicinas y otras circunstancias limitan la capacidad de decisión.
Seguiré con el tema en los siguientes números.
+ Gerardo Melgar
Obispo de Ciudad Real





