Cuaresma, tiempo de despojarse

Cuaresma, tiempo de despojarse

Agencia SIC

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Mons. Carlos Escribano Comenzamos este tiempo de gracia y conversión en el que el Papa Francisco, en su mensaje para la Cuaresma, nos invita a poner los ojos en Cristo que "se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza" (Cfr. 2 Cor. 8, 9). El Papa nos anima a imitar al Señor y a hacernos solidarios con nuestros hermanos. Nos advierte de que "la riqueza de Dios no puede pasar por nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo."

Poco a poco nos acostumbramos a ver a nuestro alrededor, en el mundo, en la sociedad y en nuestra propia carne, la dureza de una realidad que golpea de un modo inmisericorde al hombre de hoy. El drama nos lo sirven cada día los medios de comunicación (pienso ahora en los quince emigrantes muertos en la frontera de Ceuta y en lo que eso significa). El drama está en la calle, en nuestros pueblos y ciudades, en nuestras familias y, en ocasiones, en nuestro corazón.

Quizá el corazón del creyente se pregunta si es posible cambiar todo esto. Si tiene tan siquiera sentido plantarnos cualquier posible solución. Cuando nos adentramos en el trasfondo de esta realidad que vivimos, aparece el pecado en el corazón del hombre que tuerce nuestros destinos y quiebra nuestro camino hacia una vida plena.

Es entonces cuando "la Cuaresma se nos presenta como grito de verdad y de esperanza cierta que nos viene a responder que sí, que es posible no maquillarnos y dibujar sonrisas de plástico como si nada pasara. Sí, es posible que todo sea nuevo y distinto porque Dios sigue siendo "rico en bondad y misericordia, siempre dispuesto a perdonar" y nos anima a empezar una y otra vez. Hoy nuevamente somos invitados a emprender un camino pascual hacia la Vida, camino que incluye la cruz y la renuncia; que será incómodo pero no estéril. Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia, a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos". (Cardenal Bergoglio, mensaje para la Cuaresma 2013)

Es un grito de esperanza desde el que, con la ayuda de Dios, podemos ponernos en camino. Aspiramos a que el amor de Dios, que se expresa de forma extrema en su entrega en la cruz, vaya trasformando el mundo. La cuaresma no es un juego de niños ni una repetición de costumbres piadosas que no nos ayudan a intuir, tan siquiera, la grandeza que tiene de verdad la fuerza trasformadora del amor de Dios. Es mucho más.

El pasado miércoles, muchos de nosotros aceptábamos entrar en el orden de los penitentes al recibir la ceniza. Es un modo de expresar públicamente que nos sabemos pecadores y que ¡queremos convertirnos! Los medios: el ayuno, la oración y la limosna. Y con los tres os invito, me invito a mi mismo, a ser creativos para ponerlos en práctica. Respecto al último nos dice el Papa: "la Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele". (Francisco, Mensaje cuaresma 2014)

Os deseo una santa y fecunda Cuaresma. Pido a Dios que se convierta en un auténtico camino de conversión hacia la Pascua de Resurrección.

+ Carlos Escribano Subías,

Obispo de Teruel y de Albarracín

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