Centenario de la coronación de Nuestra Señora de San Lorenzo

Centenario de la coronación de Nuestra Señora de San Lorenzo

Agencia SIC

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Card. Ricardo Bláquez El día 21 de octubre celebramos gozosamente el centenario de la coronación de Nuestra Señora de San Lorenzo, Patrona de Valladolid, que había tenido lugar el 21 del mismo mes de 1917, siendo Arzobispo el Cardenal José María Cos. Agradecemos a todos, particularmente al párroco y a la Hermandad de la Virgen de San Lorenzo, la preparación y animación de la fiesta.

a coronación de la imagen de nuestra Patrona fue una manifestación de la devoción hondamente arraigada entonces y hoy. ¿Qué significa a comienzos del siglo XXI la coronación de una imagen de la Virgen? ¿Qué responderían unos padres a sus hijos que admirados por el gesto de la coronación les preguntaran por su significado? Es una manifestación de la devoción popular a la Virgen, Madre del Señor y nuestra Madre. La corona significa dignidad y honor, excelencia y victoria, culminación gloriosa de la existencia humilde de María. Para que la coronación no sea sólo un rito bello y llamativo sino también expresivo de los sentimientos de los fieles necesitamos recurrir a la historia de la coronación de las imágenes de la Virgen, al fundamento cristiano de la coronación y también a la manera evangélica de ser Reina y de recibir la corona de la gloria.

Representar a la Virgen María ceñida con la corona regia se remonta a los tiempos del Concilio de Éfeso (año 431); y coronar las imágenes de la Virgen es una tradición inaugurada por el Papa Clemente VIII con la coronación de la imagen venerada en Santa María la Mayor. En el año 1933 el capuchino Anselmo de Reno llegó a contar hasta 176 imágenes de la Virgen, veneradas y coronadas fuera de Roma. El enunciado del quinto misterio glorioso del Rosario es la coronación de la Virgen María como Reina de los Ángeles y los Santos. Los misterios de gloria alimentan en los creyentes la esperanza de la meta prometida por Dios y cumplida en Jesucristo (cf. 1 Cor.15, 20-25).

¿Cuál es el fundamento en virtud del cual nuestra piedad reconoce a María como Reina y entre otros signos corona su imagen? La Asunción de María al cielo es celebrada el 15 de agosto; y a los ocho días, el 22, celebramos la memoria litúrgica de "María Reina". Las dos fiestas están enlazadas. María estuvo estrechamente unida a su Hijo Jesús en todo el recorrido de su vida terrena, de su muerte y de su glorificación. María concibió virginalmente, gestó con amor y alumbró a Jesús en Belén. María crió, educó y acompañó el crecimiento de Jesús en Nazaret. María fue también discípula de Jesús, oyendo su Palabra y practicándola; junto a la Cruz de Jesús se mantuvo fielmente consintiendo como madre en la entrega de su Hijo al Padre por la salvación del mundo. María ha seguido a su Hijo resucitado y sentado a la derecha del Padre, siendo elevada al cielo y coronada como Reina y Señora. María es inseparable de Jesús desde el comienzo de su vida hasta su muerte y resurrección. En su imagen coronada expresamos la alegría por su victoria. Confiamos que unidos a ella seremos protegidos por su intercesión y nos tenderá la mano en los peligros y tribulaciones de la vida. La coronación es una acción simbólica cuya significación aprendemos a la luz del Evangelio.

La unión estrecha de María con Jesús ilumina no sólo el fundamento sino también la manera de ser María Reina y Señora nuestra. No partimos de un concepto genérico de rey y de reina para trasladarlos a Jesús y a María.

En el proceso de Jesús ante Pilato a la pregunta del Procurador de Roma por su condición de rey, el acusado respondió: "Soy rey, pero mi reino no es de este mundo" (cf. Jn. 18, 33-37). Jesús fue ridiculizado poniendo sobre sus hombros un manto color púrpura, con una corona de espinas en la cabeza y llevaba un letrero donde estaba escrita la causa de su condena: "Jesús Nazareno, el Rey de los judíos". Jesús es el Rey desde la cruz. En la cruz ejerce el señorío del amor y del perdón. "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir" (Mc. 10, 43). El Reino de Jesús es de otro estilo; no es de este mundo, no se ejerce con prepotencia que humilla sino con la misericordia que levanta. Pues bien, a partir de la realeza de Jesús debemos aprender el sentido evangélico de la realeza de María y consiguientemente del signo de su coronación. María es Madre y Reina de piedad y misericordia. Dios miró la humildad de su sierva y la exaltó, como cantamos con el "Magníficat" (cf. Lc. 1, 46 ss.).

Reproduzco a continuación los párrafos más relevantes de la nueva oración de la coronación: "Bendito eres, Señor, que dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes. Tu Hijo, que voluntariamente se rebajó hasta la muerte de cruz, resplandece de gloria eterna y está sentado a tu derecha como Rey de reyes y Señor de los señores; y la Virgen, que quiso llamarse tu esclava, fue elegida Madre del Redentor y verdadera Madre de los que viven, y ahora, exaltada sobre los coros de los ángeles, reina gloriosamente con su Hijo, intercediendo por todos los hombres como abogada de gracia y reina de misericordia". Al colocar la corona sobre la imagen de la Virgen, pedimos su protección y prometemos cumplir la ley del amor a Dios y a los hombres, sobre todo a los más pobres e indefensos.

¡Qué nuestra Señora de San Lorenzo proteja a los esposos y padres de familia, a los niños y jóvenes, enfermos y ancianos!.

+ Ricardo Bláquez

Cardenal Arzobispo de Valladolid

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