Carta del obispo de Ciudad Real: «La llamada de Jesús a los primeros discípulos»

Gerardo Melgar nos invita a pedir al Señor que no nos obsesione lo material y que valoremos la grandeza de su llamada y de nuestra respuesta

Gerardo Melgar Viciosa

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Jesús comienza la predicación del Reino y el ofrecimiento de la salvación a los hombres y mujeres de su tiempo, Lo primero que hace es la elección de aquellos que van a ser sus más íntimos colaboradores en la extensión del Reino y de su mensaje salvador.

El Señor los llama para que estén con él, compartan su vida y aprendan todo lo que tiene que enseñarles, para que ellos, una vez que Él suba, de nuevo al Padre, sean los continuadores de la misma misión en el mundo.

Son los apóstoles, que serán los íntimos a los que comunicará todo lo que Él ha oído a su Padre, que compartirán momentos de dolor y de gloria y continuarán su misión entre los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Ellos son personas sencillas, con no demasiada cultura, dedicados a sus faenas del mar como pescadores. Jesús pasa por donde ellos están y va llamándolos e invitándolos a seguirle: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».

Y la respuesta que nos dice el Evangelio es la misma en ellos: «Y dejándolo todo le siguieron». «Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron».

Seguir a Jesús y dedicar toda la vida a llevar el evangelio a las gentes de todos los pueblos supone y exige dejar otras cosas en las que se afanan los demás: casa, hermanos, familia, tierras; por seguirlo a Él y al evangelio. Por eso, cuando Pedro pregunta: «Nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido», Jesús les dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa o mujer o hermanos o padres o hijos por el reino de Dios, que no reciba mucho más en el tiempo presente y en la edad venidera vida eterna» (Lc 18, 28-30).

En el proceso de la llamada por parte de Jesús y la respuesta de los discípulos aparecen todos los elementos que integran la vocación:

• Primero es encontrarse con Jesús.

• La llamada por parte de Jesús a los apóstoles. Es él quien llama.

• El corazón generoso de los apóstoles que responden afirmativamente.

• El discernimiento de las exigencias del seguimiento de Jesús.

• La recepción del Espíritu que les hará entender y les ayudará en todo momento a cumplir con la misión.

Jesús sigue llamando hoy a jóvenes, y menos jóvenes, a que entreguen su vida, para continuar su misión y que su mensaje salvador llegue a los hombres y mujeres de hoy, para que se conviertan y Cristo les pueda salvar.

Cristo ha querido tener necesidad de personas generosas que se entreguen por completo, a tiempo pleno, hoy y a través de todos los siglos, para que el mensaje salvador siga anunciándose en el mundo.

Para que siga habiendo personas que respondan positivamente al Señor que sigue llamando, es necesario, como entonces, el encuentro personal con Jesús, que de ese encuentro personal con él puedan discernir la llamada del Señor, que estén dispuestos a dejar todo lo demás y seguirle a Él, que sientan que Él, a través de su Espíritu, va a estar siempre con ellos y va a ayudarlos a responder, y que lo crean de verdad, que cuando se dejan otras cosas por Jesús, se gana mucho más en esta vida y después la vida eterna.

¿Qué nos está pasando hoy para que falten apóstoles, para que no haya suficientes vocaciones, personas que estén dispuestas a entregar su vida al Señor? Dios sigue llamando a personas concretas a que entreguen su vida sin reserva alguna a su servicio y al servicio de los hermanos ¿Cómo podemos ayudar a esas personas a dar una respuesta positiva y generosa al Señor?

Pidamos al Señor que no nos obsesione lo material y que valoremos la grandeza de su llamada y de nuestra respuesta, que seamos capaces de preguntarnos alguna vez cuál es la valoración personal que nosotros, como cristianos, tenemos de las vocaciones sacerdotales y religiosas, si las promovemos y rezamos mucho para que siga habiendo personas generosas, dispuestas a entregarse a este ministerio. Preguntémonos los padres: Y si Dios llamara a un hijo por este camino ¿qué haría yo como padre o madre de ese chico? Y si fueras tú, con tu nombre y tu apellido, en el que Dios está pensando o al que Dios podría estar llamando por este camino, ¿qué estarías dispuesto a responderle? ¿Tu respuesta sería como la de los apóstoles —y dejando sus cosas lo siguieron— o te quedarías en lo más cómodo e inmediato, en vez de pensar en la vida que Jesús ofrece a sus seguidores? Piénsalo y responde al Señor.

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Ciudad Real


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