Carta del Obispo
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Mons. Gregorio Martínez Muy queridos amigos:
Con motivo del acto de entrega del Premio Carlomagno, a principios de mayo, el Papa Francisco pronunció un apremiante, alentador y lúcido discurso, ofreciendo su aportación a este interrogante que él mismo se formulaba: "¿Qué te ha sucedido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?". Las reflexiones desarrolladas nos han de servir para clarificar nuestra participación en la sociedad y nos pueden orientar para encauzar el ejercicio libre, reflexivo y responsable de emitir nuestro voto en las elecciones para formar un gobierno para nuestra nación. Recojo de este discurso tres propuestas por las cuales el Papa expresa su anhelo de que Europa dé a luz un nuevo humanismo, "basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, la capacidad de comunicación y la capacidad de generar".
Con relación a la primera capacidad, el Papa invitaba a "promover una integración que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas. Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generación de oportunidades para que todos los habitantes puedan desarrollar su vida con dignidad".
Respecto a la segunda capacidad, Francisco instaba a "promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social". En este sentido subrayaba que "urge crear ?coaliciones?, no sólo militares y económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas". Todo lo cual buscando armar "a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro". Incidiendo, sobre todo, en la educación de los niños y los jóvenes.
Centrándose en la capacidad de generar, el Papa recordaba que "todos, desde el más pequeño al más grande, tienen un papel activo en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada". Preocupado por la incierta situación de muchos jóvenes, exhortaba a diseñar una sociedad diferente, lo cual conlleva "pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación, a una economía social que invierta en las personas, creando puestos de trabajo y cualificación".
También desgranaba su "sueño" sobre Europa, con estos hermosos rasgos: una Europa joven: "capaz de ser una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida"; que "se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida"; "que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos"; "donde los jóvenes respiren un aire limpio de honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla"; "donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una alegría"; "una Europa de las familias, con políticas centradas en los rostros más que en los números"; y "que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos". Para que estos ideales no queden en una utopía, cada uno junto a los otros, hemos de esforzarnos decididos y perseverantes.
+ Gregorio Martínez Sacristán
Obispo de Zamora





